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Texto y Fotos: Nicolás Frank

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Carlos Ripamonte y la recuperación de la tradición.

La vocación artística no muere nunca, Don Carlos pinta siempre. Es siempre gaucho; en su modo, en su trato, en sus sentimientos. No cambió jamás estas dos cosas: su vida y su pintura.”  En Revista Nativa, N° 345, 30/09/1952

Su arte se cristaliza en su mensaje como un legado para el devenir, para ese devenir cargado de historicidad en su evolución, en cuya constante histórica se advierten ya las grandes mutaciones del hombre y la sociedad.”  Narciso Márquez para publicación Universidad 64, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Abril-Junio 1965.

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En el ejercicio de la revisión histórica nos topamos con fragmentos de la historia local  que, muchas veces olvidados, persisten en los barrios sin nosotros saberlo. Es así como, hace ya más de un siglo, el centro de Villa Ballester fue protagonista de encuentros, miradas y diálogos entre  artistas preocupados por el destino del arte nacional.

Fue Don Carlos Ripamonte, quien tras una prestigiosa carrera como artista plástico, decide afincarse en el barrio de Villa Ballester en el año 1911. Para ese entonces ya había terminado sus estudios en la Sociedad Estímulo Bellas Artes con los maestros R. Giudici, A. della Valle y E. de la Cárcova, teniendo una gran participación en los Salones Anuales del Ateneo (con gran éxito en 1894 y 1895).
A su vuelta de Roma tras obtener una beca para profundizar sus estudios, conforma el Grupo Nexus junto a una nueva generación de artistas (1). Bajo un programa definido, las preocupaciones del grupo atenderán a la búsqueda de un arte con identidad nacional, la realización de Salones Nacionales de exposición, y la reeducación del gusto del público mediante la incorporación de una iconográfica gauchesca y paisajista.
Al ganar el Primer Premio del Centenario en la categoría Costumbres Nacionales con su obra “Canciones del Pago”, C. Ripamonte obtiene el reconocimiento de la crítica de la época. Su labor artística se complementará con su trabajo como docente de Pintura y Dibujo, además de su cargo como Vicedirector de la Escuela Superior de Bellas Artes, bajo la dirección de Pio Collivadino.
A los ya habitués del barrio C. Ripamonte, Rosendo Martínez (coleccionista y apasionado del arte) y Alejandro Witcomb (dueño de la galería que lleva su nombre) se incorporarán como vecinos de Villa Ballester los artistas Juan Peláez y Ceferino Carnacini. La proximidad de sus viviendas, junto al interés común por el destino de la plástica nacional, afianzará una larga amistad entre ellos.

(1) El Grupo Nexus funcionó entre 1907 y 1909. En su origen lo conformaban Carlos Ripamonte, Fernando Fader, Justo Lynch, Arturo Dresco, Alberto Rossi, Mendez Texo y Pio Collivadino. (2) Nora Tristezza, Ripamonte, Peláez, Carnacini: artistas de Villa Ballester en la conformación del arte nacional, UNSAM Edita, Buenos Aires, 2009. Pág. 19. (3) Nora Tristezza, op. cit., Pág. 36

(Imagen 1) Carlos Ripamonte, San Martín en el palio, 1938, Óleo sobre tela, 370 x 300cm, Sala Carlos Ripamonte, subsuelo Municipalidad Gral. San Martin (inaugurada en 2014).
(Imagen 2) Ceferino Carnacini, Calle de Villa Ballester, sin fecha, Óleo sobre hardboard, 68 x 97cm.
(Imagen 3) Carlos Ripamonte, Bañado de Villa Ballester, sin fecha, Óleo sobre tela, 88 x 121cm.

gallery/(imagen 1) carlos ripamonte, san martin en el palio, 1938, oleo sobre tela, 370x300cm, sala c. ripamonte, subsuelo municipalidad gral san martin
gallery/(imagen 2) ceferino carnacini, calle de villa ballester, sin fecha, oleo sobre hardboard 68x97cm
gallery/(imagen 3) carlos ripamonte, bañado de villa ballester, sin fecha, oleo sobre tela, 88x121cm

La investigadora Nora Tristezza afirma que se debe “entender el barrio como protagonista y aglutinante en un espacio que, fuera de la centralidad porteña, resultó en su momento núcleo de convergencia y ámbito de inspiración.”(2)
La consagración de C. Ripamonte por los paisajes y motivos gauchescos se fundamenta en su interés por salvar de la desaparición los valores culturales construídos desde el tradicionalismo.
Mediante el uso de una paleta clara y luminosa, cercana al impresionismo y a los macchiaiolo italianos, orienta su pintura hacia el naturalismo. Aclara N. Tristezza que “la elección del tema, según la óptica del artista, surge desde una experiencia vivencial, en contacto inmediato con el entorno. Paisajes, caracteres, costumbres, serán experiencias vitales antes que realidades plásticas.”(3)
Desde los distintos ámbitos en los que participó, ya sea como docente, académico, escritor o artista, Don Carlos Ripamonte luchó por una nueva imagen de la nación inscripta en la valorización del campo y del gaucho. Sus obras recuperan lo intenso de la vida, del paisaje, del barrio, que frente a una sociedad que todavía experimenta constantes cambios, nos dan un respiro fresco de lo que alguna vez fue lo autóctono.