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Texto y Fotos: Nicolás Frank

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“Sitios, edificios e imágenes:
una historia de apropiaciones”

Habitamos una ciudad sumamente transitada y en constante transformación. En la trama urbana existen sitios y espacios comunes que con el tiempo son apropiados por los vecinos, incorporándose como símbolos barriales que establecen una identidad local.
Esto sucede cuando dichos lugares son fomentados y habitados, incluso convirtiéndose en íconos y representaciones artísticas.

Desde la pintura y el dibujo los artistas pueden apropiarse de edificios históricos, monumentos y espacios, dotándolos de gracia y belleza, o traerlos al presente para cuestionarlos. La Parroquia de Nuestra Señora de La Merced, por ejemplo, ha sido fotografiada y recreada por distintos artistas (como el célebre artista local Ceferino Carnacini).  De fachada angosta pero marcadamente vertical combina varios elementos arquitectónicos dispares (ventanas de estilo gótico, campanario y elementos clásicos). Su interior se resuelve en un solo ámbito de gran hospitalidad.

Estos lugares se convierten en sitios de referencia colectiva, que con el paso del tiempo acumulan marcas e historias de quienes pasaron por allí. Sucede todo el tiempo, muchas veces sin darnos cuenta. Como ocurre con el gran tanque de agua de la Plaza Roca (ubicada en Artigas al 5000) tan insólito y gigante que se lo puede mirar desde cualquier terraza del barrio. Su pregnancia fue volcada en distintas pinturas de artistas locales. (1)

Pero su base de cemento ya comenzó a modificarse y llenarse de imágenes. Y esto sucede a diario, porque en cada pintada, graffiti o intervención callejera, las paredes se reinventan con nuevos significados. Estas acciones tienen un momento de efervescencia condensada cuando se realiza el San Martin Graffiti Exhibition, evento barrial que festeja la cultura callejera en armonía al ritmo del hip hop. Los 400 metros de calle son intervenidos por los graffiteros locales y vecinos, afianzando amistades, compartiendo paredes y agitando latas y cultura. (2)

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Otros sitios tienen una fuerte historia arraigada en el barrio, y si le sumamos la fuerza que engendra la pasión por el fútbol, el sentimiento de identidad es mayor. Cuando en 1945 se traslada el estadio del Club Chacarita Juniors a su actual ubicación (Gutiérrez 351, Villa Maipú), frente a los terrenos donde antiguamente funcionaba el Hipódromo, todo el barrio se modificó. En estos 70 años de existencia se afianzó una historia de fanatismo y devoción por el fútbol, que se manifiesta en las múltiples pintadas “funebreras” que abundan en la ciudad.
El barrio entonces se transforma en protagonista para las prácticas artísticas que lo indagan, cuestionan y revalorizan.  Cualquiera sea el medio, la creación artística nos da herramientas para repensar y resignificar espacios, sitios y arquitecturas, tanto históricas como actuales. Debemos generar los puentes necesarios para profundizar la integración zonal, abriendo las calles a una mayor participación de los vecinos, desde la pura apropiación hasta los trabajos artísticos.

(1) Pinturas sobre el tanque de Plaza Roca se pudieron ver en la exposición “48 artistas locales”, organizada en Casa Carnacini, Octubre de 2013.
(2) Para más info sobre “San Martin Graffiti Exhibition” buscar en facebook: sanmartin.graff
(3) Obra premiada en el 4to Salón Pequeño Formato, organizado por la Asociación Cooperadora Amigos Casa Carnacini, durante Septiembre-Octubre de 2015.
(Imagen 1) Parroquia Nuestra Señora de La Merced, ubicada en la esquina de Lacroze y Lamadrid, Villa Ballester.
(Imagen 2) Pintura “Sin título” de Andrea Baiza, expuesta en “48 artistas locales”.
(Imagen 3) Torre tanque de agua, plaza Roca, Villa Ballester.
(Imagen 4) “s/t” de Julián Veiga, dibujo y relieve sobre papel en pequeño formato, 2015.

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Difundir y apoyar a los artistas locales, con iniciativas públicas, privadas o autogestionadas, nos hace mirar hacia el futuro. El premio “Mejor Obra de Artista Local” entregado a Julián Veiga por la obra “s/t” da cuenta de ello. (3)

La sutil y delicada obra de pequeño formato, trabajada únicamente en blanco y negro, combina cierta tensión y flexibilidad en las formas. Las líneas geométricas pesadas y aisladas logran vincularse mediante un tenue relieve amorfo que todo lo rodea e integra. Es una bella metáfora del carácter relacional y plural que tenemos que seguir construyendo para fortalecer la cultura local, sorteando individualismos y fomentando el diálogo.

Es por eso que mantenemos el impulso por defender la cultura visual de nuestro barrio, tratando de que cada uno de nosotros logre sentir como propio su lugar, y alentando a los jóvenes (y no tanto) a involucrarse en el hacer artístico cualquiera sea su expresión.