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Texto: Ana Bonelli Zapata / Fotos: Gentileza Escuela de Educación Estética N°1

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Contruir el conocimiento, construir el mundo

No puede ser que los chicos dejen de jugar en la primaria, que pierdan la capacidad de asombro”, dice Carolina Ferrari, directora de la Escuela de Educación Estética N°1 de Gral. San Martín, creada por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires en junio de 2015 y que transitó, el año pasado, su primer ciclo lectivo.
En la Escuela Primaria N° 27 de Villa Ballester, a través de un convenio de edificio compartido, cuatro aulas se convirtieron en un espacio alternativo donde chicos de 6 a 12 años reciben, a contraturno de la escuela obligatoria, talleres de arte o “estímulos”.
Los profesores (Mariana Goncalves de plástica, Cristian Armijo de teatro, Pablo Rames de música y Andrea Felsenthal de literatura), se turnan para brindar sus conocimientos a más de 140 chicos, para construir juntos las experiencias que, de un modo u otro, fueron modificando la vida de toda la comunidad. Son docentes pero también creadores, con la cabeza puesta en la integración de las artes y del arte con la vida. Incluso, para fin de año, se juntaron en la Esthetic Band con distintos instrumentos de música, sorprendiendo a estudiantes y padres en una puesta en escena descontracturada. Son también adultos comprometidos con la infancia, desencantados con el sistema de enseñanza tradicional, que se sumaron a esta propuesta y se presentaron a los actos públicos por el mismo desafío, porque creyeron en una alternativa posible.
Se reúnen una vez por semana para integrar sus proyectos e ir armando el recorrido de la escuela de forma cooperativa y solidaria. También articulan con la escuela obligatoria, estableciendo un diálogo constante con los maestros de los chicos. No se trata de talleres autónomos, sino de un espacio donde brindar herramientas que sirvan para toda la vida. Es por eso que Ferrari, a comienzos del ciclo lectivo, les anticipa a los padres: “es un esfuerzo, no vamos a solucionarles la rutina de cada día, sino que será un esfuerzo de todos para que los chicos no abandonen, no pierdan este espacio”.
El director y el preceptor son personajes indispensables para las necesidades burocráticas, pero también para la contención de los estudiantes, y sobre todo, la organización de ese espacio donde chicos, padres, maestros y vecinos deben aprender a abrir la cabeza y el cuerpo a nuevos estímulos y nuevas formas de percibir la vida.
Como resultado, las devoluciones de alumnos y padres a fin de año. Todos comentan la mayor confianza en sí mismos, la capacidad de expresarse ante los demás, el perder el miedo ante los desafíos, incluso ante los errores. Experiencias que, aún cuando no les generen una vocación estética a futuro, les permitirán enfrentarse a la vida con otros recursos. La creatividad, precisamente, como recurso ante un mundo que promete originalidad con las modas pero asegura lo uniforme tanto en lo profesional como en lo afectivo.

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El trato personalizado, grupos organizados según sus intereses y posibilidades, sin considerar los límites etarios que por lo general no se corresponden con las motivaciones de los chicos, abre el juego a un sinnúmero de posibilidades. O sacarlos a la calle a ver los muros de sus propias casas con otros ojos, a apreciar el arte callejero, y también el arte de los museos y la música de los conservatorios. Escribir cuentos, y también recetas de cocina o guiones de cortos audiovisuales que ellos mismos o sus compañeros actuarán. “No hay mejor aprendizaje que el de la propia experiencia”, dice Lev Vigotsky, promotor de la pedagogía constructivista de la que la Escuela parece ser un gran ejemplo.
La comunidad es el actor que no puede faltar en esta experiencia, precisamente. Los artistas, que participaron desde la inauguración y se acercan a los chicos para mostrar sus obras y contar sus propias experiencias. Sólo nombrarlos sería exceder por mucho la extensión de esta revista. También los espacios, públicos o privados, que prestan sus instalaciones, sus herramientas, para que los chicos vean el otro lado de la escena, lo vivan en carne propia, y puedan realizar sus actos y presentaciones.

 El barrio mismo, como el Club Las Heras que donó el mobiliario para las aulas, el Municipio que colaboró con el material para la Biblioteca a través del programa San Martín Lee, o la vecina arquitecta que cada tanto aparece con rollos de papel para los talleres de plástica.
No tenemos techo. Cuando te das cuenta de eso…” dice Ferrari, y enseguida se nota en sus ojos que está imaginando nuevos proyectos para este año.
Un poco más:
Hay más de 60 Escuelas de Educación Estética en toda la provincia de Buenos Aires, algunas con más de 20 años de trayectoria. Los chicos pueden inscribirse en cualquier momento del año, y van como mínimo dos días por semana, en turnos de tres horas donde reciben los diferentes “estímulos”. Este año, en San Martín, se abrirá un nuevo espacio para chicos de 5 años, y un proyecto muy especial cruzará todas las actividades: hay que darle un nombre a la Escuela, hay que apropiarse de ella.
Si te interesa saber más, la Escuela está ubicada en Libertad 294, Villa Ballester, y podés encontrarla en facebook o escribir a:
escuelaesteticasanmartin@outlook.com.ar

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