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Texto: Ana Bonelli Zapata

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Esculturas, movimiento y paisaje
en el Campus de la UNSAM

En un número anterior de Serpiente Amarilla (1) se citó, dentro de los monumentos y esculturas en el espacio público, el Campus Miguelete de la Universidad Nacional de General San Martin. En esta ocasión nos centraremos en este paseo que, creemos, posee una potencia y un significado que trasciende incluso su emplazamiento en el barrio.
A raíz del vigésimo aniversario de su creación, en el año 2012, la UNSAM y su Fundación (FUNSAM) conformaron un comité consultivo (conformado por especialistas en arte y arquitectura) que diseñó un recorrido escultórico en paralelo con la construcción de oficinas, aularios, anfiteatros y paseos. En aquel momento se proyectaron veinte esculturas de artistas contemporáneos consagrados, que se ubicarían en lugares estratégicos siguiendo los senderos y vinculándose espacial y visualmente con la arquitectura de los imponentes edificios. Si bien actualmente están emplazadas solo once de la lista original, debido a los tiempos de los procesos propios de la actividad escultórica y de construcción edilicia, se han ido agregando nuevos artistas y proyectos a partir de este primer impulso. Siguiendo el ejemplo de importantes centros universitarios latinoamericanos (como el Campus de la Universidad Nacional Autónoma de México o de la Universidad Central de Venezuela en Caracas), se proyectó este paseo a partir de un ideal de “espacio culturalmente relevante” para la comunidad académica, el barrio en el que la institución se inserta, y, en definitiva, para la sociedad en su conjunto. El objetivo de los responsables ha sido, desde un primer momento, generar un espacio donde el arte sea “el ámbito ideal de formación académica” y, a su vez, un aporte urbanístico  que mejore la calidad de vida de su

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iniciativa en una práctica sistemática de adquisición de obras, y configurando a la Institución como promotora activa, apartándose del rol tradicional de receptor de donaciones ya formadas.
Las mismas obras se apartan de la tradición, al insertarse en el paisaje por el cual los alumnos estudian, los trabajadores almuerzan, los vecinos se ejercitan o los niños juegan2 … además de erigirse en un entorno arquitectónico particular, que vincula visual y espacialmente un pasado ferroviario, un presente académico y un futuro en el que la tecnología ocupa un lugar relevante. En este sentido, las esculturas se insertan también, simbólicamente, en una Universidad pública (casi al margen de los intereses del Estado), en los márgenes de la gran ciudad, incluso en los márgenes de un barrio con una fuerte impronta obrera, en un partido históricamente escindido entre la “tradición y la industria”. Así, las grandes letras de la obra de Maler contrastan con el muro de ladrillos del Tornavías, el magnífico compás de Orensanz equilibra la balanza entre géneros en la entrada del Centro Asistencial Universitario, el delicado equilibrio de Enio Iommi se enfrenta al espacio de acrobacia y circo, y las ¿imposibles? curvas de hierro del Mástil Firulete de Reinoso se tornan en la apertura real y simbólica del espacio.
La decisión del comité de seleccionar y adquirir determinadas obras de artistas argentinos contemporáneos, respondió a una idea (y un posicionamiento) respecto del arte. No se trata de esculturas tradicionales, figurativas, que definen su espacio a partir de una actitud contemplativa. Las obras (así como la trayectoria de los artistas convocados) plantean un desafío constante a la categoría misma de arte visual. Son obras que se escuchan, que

entorno, transformando asta iniciativa en una práctica sistemática de adquisición de obras, y configurando a la Institución como promotora activa, apartándose del rol tradicional de receptor de donaciones ya formadas.

Las mismas obras se apartan de la tradición, al insertarse en el paisaje por el cual los alumnos estudian, los trabajadores almuerzan, los vecinos se ejercitan o los niños juegan (2) … además de erigirse en un entorno arquitectónico particular, que vincula visual y espacialmente un pasado ferroviario, un presente académico y un futuro en el que la tecnología ocupa un lugar relevante. En este sentido, las esculturas se insertan también, simbólicamente, en una Universidad pública (casi al margen de los intereses del Estado), en los márgenes de la gran ciudad, incluso en los márgenes de un barrio con una fuerte impronta obrera, en un partido históricamente escindido entre la “tradición y la industria”. Así, las grandes letras de la obra de Maler contrastan con el muro de ladrillos del Tornavías, el magnífico compás de Orensanz equilibra la balanza entre géneros en la entrada del Centro Asistencial Universitario, el delicado equilibrio de Enio Iommi se enfrenta al espacio de acrobacia y circo, y las ¿imposibles? curvas de hierro del Mástil Firulete de Reinoso se tornan en la apertura real y simbólica del espacio.
La decisión del comité de seleccionar y adquirir determinadas obras de artistas argentinos contemporáneos, respondió a una idea (y un posicionamiento) respecto del arte. No se trata de esculturas tradicionales, figurativas, que definen su espacio a partir de una actitud contemplativa. Las obras (así como la trayectoria de los artistas convocados) plantean un desafío constante a la categoría misma de arte visual. Son obras que se escuchan, que conforman escenografías, que deben, con una especie de urgencia táctil, ser tocadas, manipuladas, modificadas. Los grupos de teatro acrobático y danzas de la Universidad, por ejemplo, han realizado sus performances en torno a estas obras, aprovechando su sonoridad y su apertura estética, y dialogando con su potencia simbólica.

Es que el hecho de que una Universidad Pública haya decidido destinar parte de sus fondos a este proyecto no es ingenuo. Responde también a una postura respecto a la educación, la investigación científica, la expresión cultural y el rol que debe jugar la sociedad entera en estos desarrollos. Son obras que invitan a los integrantes de la comunidad (académica, artística, barrial) a apropiarse de ellas, activa y reflexivamente.

Es por esto que sugerimos a nuestros lectores pasear por el Campus, disfrutar de las obras, y adueñarse de ellas. La Universidad plantea un espacio abierto al barrio, con sus talleres, eventos, actividades culturales y científicas. El paseo de esculturas es, en este sentido, un ítem más a ser descubierto. Los invitamos a vivirlo, a escapar un rato cada día, o cada semana, solos, en familia o con amigos, y disfrutar de la potencia que estas obras, en nuestro espacio, provocan.

gallery/obra de leopoldo maler, fot. autora
gallery/campus de la unsam, obra de león ferrari, fot. autora

OBRAS EMPLAZADAS

1.Pájaro Gomez, EN EL NOMBRE DEL VIENTO | 2.Enio Iommi, CONTINUIDAD INTERRUMPIDA | 3.León Ferrari, PERCANTA | 4.Pablo Reinoso, FIRULETE | 5.Marie Orensanz, IGUALDAD | 6.Leopoldo Maler, ALFAMATER | 7.Jorge Gamarra, CINTA | 8.Hernán Dompe, COMADRE DEL RAYO | 9.Osvaldo Chiavazza, PACHAMAMA | 10.Lucía Pacenza, DÚO DEL SUR | 11.Alberto B. Díaz, SERIE DE LA RIVERA Nº 23 | 12.Nadia Guthmann, PEGASO
Comite consultivo
Impulsores del proyecto: Raúl Pieroni y Agustín González
Consejo Consultivo: Raúl Pieroni, Fabián de la Fuente, Néstor Barrio, Laura Malosetti, Gabriela Siracusano, Martín Bode, Patricio López Méndez, Graciela Molinelli y Ángel Vega.

 

1.“Entre monumentos y esculturas: un recorrido a cielo abierto”, Serpiente Amarilla #12 - Agosto-Septiembre 2015.
2. Entre los edificios construidos en el Campus figura una Ludoteca para niños desde los 45 días de edad, para facilitar el estudio y trabajo de la comunidad académica.

gallery/campus de la unsam, fot. autora