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“Miró a su alrededor y no vio más que al cura y los falsos deudos que se persignaban frente a la tumba. La rubia recogió con elegancia el vestido que le llegaba a los tobillos y abrió la marcha por el sendero de lajas. Tenía los tobillos bien formados y un gran agujero en la media derecha. El hombre alto fue tras ella y la cubrió con el paraguas mientras el cura aplastaba el chicle sobre una tumba vecina. Carré recogió el sombrero, lo limpió con la manga del sobretodo y lo que vio entonces no iba a olvidarlo jamás. El cura volvió sobre sus pasos, se arremangó la sotana y a favor del viento y la nevisca se puso a mear muy orondo sobre la tumba recién cerrada. Carré se mordió el puño, ciego de furia, y trató de grabarse los rasgos del meador solitario. ¿No lo había cruzado antes en el Refugio o en la fugacidad de una cita clandestina? ¿O se parecía a uno de los tantos desconocidos que le pasaban mensajes para otros desconocidos? Lo vio partir tosiendo, rascándose la cabeza por debajo de la gorra, y alcanzó a registrar que el pelo era negro y lo llevaba bien cortado. (…)”

Fragmento de la novela El ojo de la Patria, de Osvaldo Soriano.

Osvaldo Soriano nació en Mar del Plata el 6 de Enero de 1943. Escritor y periodista fue cofundador del diario Página 12, del cual era columnista. Publicó su primera novela Triste, solitario y final en 1973. Después del golpe de Estado, se trasladó a Bélgica y luego a París donde vivió hasta 1984, año en que regresó al país. Entre sus obras se encuentran La hora sin sombra, A sus plantas rendido un león, No habrá mas penas ni olvidos, Una sombra ya pronto serás, Cuarteles de invierno. Varias de sus novelas fueron llevadas al cine. Murió en Buenos Aires el 29 de enero de 1997.