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#1 OMAR ÁLVAREZ

Titiritero - Nació el 6 de Diciembre de 1968 | VECINO DE VILLA BALLESTER

Texto: Silvia Oleksikiw / Fotos: Fernando Carrera

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UN NIÑO GRANDE

Omar Álvarez tenía once años cuando leyó una entrevista a Jim Henson, creador de Los Muppets, de los cuales él y su hermano Claudio eran fanáticos. Las fotografías que acompañaban la nota mostraban el detrás de escena de ese mundo. Y yo aluciné, recuerda. Coincidió en esa época que la señorita Mirta Setembrino organizó una función de los Títeres de Don Floresto en la escuela José Hernández, donde, lejos de amedrentarse por el enorme escenario del salón de actos, agrandado aún más por su escasa estatura de niño, el alumno Omar era feliz subiéndose allí. Al finalizar la función y como única tarea tenían que hacer un títere. Y fue todo al mismo tiempo. "Mirábamos Los Muppets en la tele, la nota de la revista, vinieron los títeres a la escuela, hablar con los titiriteros y ver que eran gente de carne y hueso, y la tarea de hacer títeres en el ámbito de la escuela. La señorita Mirta nos dio la tarea, las herramientas y la libertad -recuerda- hicimos los títeres y empezamos a jugar uno, dos, tres días y no paramos más. Pensar una historia y el armado de esa historia, hacer la escenografía con cajas de cartón, bien de niño todo, bien casero. Transformar, reinventar, que es tan propio de los títeres, reciclar, modificar los objetos. Agarrar lo que en casa no servía, ropa, maderas, caños y armar algo nuevo".
Del juego a la transformación, cualidad que, según Omar, tienen los títeres.Recuerda que fue su papá -un hombre culto que no tenía nada que ver con el teatro, pero eso sí, nos llevaba a ver todo lo que había en cartelera- quien les armó su primer teatrino con una pollera vieja de una de sus abuelas, unos caños de luz, un riel de cortina en desuso y unas telas que había por ahí. Su primera función fue para un día del niño en la juguetería de Artigas y Campichuelo, en Villa Ballester. Pero en la vida de los Álvarez eran habituales las funciones en los cumpleaños familiares, donde los parientes hacían cola para entrar al teatro improvisado en el comedor. Y afirma orgulloso que esa fue de, alguna manera, su escuela de autogestión. Hacíamos todo nosotros, las invitaciones, las entradas, todo. Una forma de producción independiente que aún conserva.
Así una tarea de la escuela, lo llevó al juego y ese juego se transformó luego en una vocación trayendo la necesidad de capacitarse, entonces aquella tarea terminó siendo su profesión: titiritero.

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OMAR ALVAREZ

Durante la adolescencia empezó a estudiar actuación con Francisco Tricio en la Biblioteca Rivadavia de Villa Ballester pero lo suyo eran los títeres. Así fue que, ya mayor de edad, ingresó a la Escuela de Titiriteros del Teatro San Martín, en Capital Federal, creada y dirigida por el gran Ariel Bufano, de quien aprehendió el rigor de trabajo en el arte. "A veces se confunde el rigor con autoritarismo. El arte es orden, es estructura. El talento sin trabajo no sirve de nada", concluye. Hoy, Omar muestra orgulloso el premio Javier Villafañe recibido en el 2012, galardón que lleva el nombre de este titiritero argentino emblemático en nuestro país y en el mundo, quién también, casi 25 años atrás junto a Bufano y Adelaida Mangani (1), le confirmaron su camino artístico, "imaginen mi emoción", cuenta.

"Tengo la dicha de haber cumplido los sueños, tengo mucho que agradecerle a los títeres".
Omar está dedicado tiempo completo a los títeres y a su teatro, el Centro Cultural Espacios, fundado con su hermano Claudio. Si bien recibieron subsidios del estado para montar su sala, el gran esfuerzo siempre fue -y sigue siendo- de la familia. Fue en 1994, y después de un viaje recorriendo teatros del mundo, donde maduró la idea de abrir un espacio cultural en el barrio, que consideraba, hacia falta.  Tres años más tarde abrieron las puertas de ese sueño hecho realidad que hoy es un referente en Villa Ballester, ofreciendo sus producciones, obras invitadas y talleres para niños y adultos.
Tener su propia sala le dio la plataforma de despegue para pensarse, investigar, arriesgar nuevas propuestas. Si nuestros hijos podían estar en contacto con realidades duras y sin belleza ¿por qué no podíamos hablar de eso desde el escenario pero con belleza y poesía? fue la pregunta que se hicieron los hermanos Álvarez para empezar a incorporar el drama en el teatro para chicos. Así llegaron Basilisa, El soldadito de plomo, de creada junto a Rafael Curci, El viento entre las hojas, La niña de los cerillos y siguen…
Entre la vicepresidencia de Atina (2), la coordinación de los Titiribióticos (3),
funciones en escuelas, en su sala y en los festivales internacionales, Omar pasa sus días. Latinoamérica, Europa, Asia, África fueron algunos de los continentes adonde llevó sus obras y de los que trajo premios, experiencia y orgullo por el trabajo argentino. Ahora el desafío es que los críticos teatrales se acerquen hasta el barrio y conozcan lo que se hace fuera de Capital Federal, dice, reafirmando su lugar en el mundo, este creador que sigue eligiendo trabajar en el barrio. Y dice, pensando en su responsabilidad como artista, la buena intención de los políticos a veces no alcanza, nos debemos la obligación de pensarnos juntos en qué es lo que se hace culturalmente. Los artistas debemos pelear por calidad y presupuesto de las políticas públicas. Y que no nos devore el para todos. Tenemos que cuidar la diversidad, hay que respetar las diferencias y encontrar respuestas comunes. Trabajar en conjunto con propuestas comerciales y oficiales para que un teatro no se vuelva un estacionamiento. San Martín se enriquece si estamos todos, cada uno con su particularidad, con las diferencias. Es necesario el ida y vuelta entre los artistas.
Consultado sobre cuál es el atractivo que genera el títere en las personas, considera que el fenómeno remite a algo muy primario: el del niño jugando, y que la raíz popular, desfachatada y contestataria es parte de ese imán. Ahí está lo procaz y el humor, lo políticamente incorrecto, donde lo que no se le podía decir al Rey, se decía a través de una “máscara”. Eso tan primario cuando toma forma artística tiene un vuelo ilimitado. Así de simple, profundo y complicado, es el concepto del títere. Lo que se pone en juego es esa sensibilidad tan primaria. Y te atrapa, concluye.
No se reconoce como autor sino como adaptador, poniendo en acción de los títeres y en imágenes la emoción que encierra un texto. Y uso el ejercicio del despojo: voy sacando, dejando menos, lo mínimo. Por eso quizás, frente al planteo del posible acoso de la tecnología a este arte milenario y esencial, dice que no es enemiga, porque el títere siempre necesita una mano para respirar. Uso la tecnología pero mi esencia esalambre y palito”, se ríe.
Imaginando el pasado y el futuro encontrándose para despedirlo, dice, cuando decida bajarme del escenario como titiritero, me encantaría  hacer mi última función ahí, ese escenario del Colegio José Hernández donde casi casi empezó todo esto que acabamos de contar.

 

(1) Dirige desde 1992 la Escuela de Titiriteros del Teatro San Martín desde la muerte de Bufano, quien fuera su esposo durante décadas. (2) Asociación civil sin fines de lucro fundada en Bs. As. que nuclea a  trabajadores del teatro para niños y adolescentes en todas sus áreas.  (3) Grupo de titiriteros que realizan funciones en hospitales.

 

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