gallery/negro_blanco

#10 NACHO RIVEROS

Dseñador de luces y escenografía - Nació el 27 de abril de 1973 | VECINO DE VILLA BALLESTER Y OLIVOS.

Texto: Silvia Oleksikiw / Fotos: Fernando Carrera

gallery/piicadofino

LUZ DEL ESPACIO

Tarde de calor en Villa Ballester. Las ventanas abiertas y el ventilador apenas mueven un aire demasiado pesado. La tarde inmóvil de un Diciembre en el barrio.
De padre médico, Dardo, y madre actriz, Marta, Ignacio “Nacho” Riveros es el mayor de tres hermanos, dedicados todos a las artes, Mariano, músico del grupo Sacha Trip y Ana, actriz, del Grupo de Mandarinas Teatro.
En su haber, el gusto y el disfrute de hacer maquetas desde la primaria, un poco de escuela técnica en el secundario y media carrera de arquitectura. Y mucho de autodidacta.Y así empieza Nacho Riveros. “Salí del secundario en el `90 o`91y me metí en una cabina de luces en el Teatro Del Sur. Ahí hice oficio. Formación empírica, digamos”. Y el oficio es hacer. “Yo era el encargado y asistente técnico de Alberto Félix Alberto, el dueño y administrador del teatro, dramaturgo y director de las obras que se hacían en esa sala. Podría decir que si alguien me formó, ese fue Alberto, realmente. Él me marcó el camino
Lo suyo empezó de la mano de la luz. “Tenía 18 años cuando Alberto me enseñó una obra de 400 cambios de luces en 50 minutos, con una consola manual doble escena de 24 canales. Y todo súper ajustado, con la música, el cuarto acorde del piano, o con un movimiento, cuando la actriz apoya el taco en el piso, exactamente…Era una locura”.
Ensayar, poner el cuerpo, experimentar, buscar, estar. La práctica en el teatro le dio técnica, y también sensibilidad. Herramientas que pone en práctica en lo que hoy es su oficio. “Somos todos autodidactas en gran parte. La vida es autodidacta”.
Chile, Dinamarca, México, España, Estados Unidos, Australia. Ocho años de viajes y funciones junto al Teatro Del Sur operando las obras La pasajera, Tango Varsoviano, En los zaguanes ángeles muertos, El Marinero, Lulú ha desaparecido, entre otras.
En 1999, paralelamente Nacho empieza a estudiar arquitectura y se aleja un rato del teatro “Yo ya estaba empezando tarde a estudiar, y prioricé la facultad”. Pero varios años después, y habiendo cursado ya media carrera en la Universidad de Palermo, siente que no estaba ahí lo que necesitaba. ¿Qué era lo que buscaba? Hubiera sido una buena pregunta, pero ¿sería la respuesta de hoy la razón de aquel entonces? Estamos en permanente búsqueda.

gallery/firma
NACHO RIVEROOS

O eso creo.  “No sabemos nada. Uno no termina nunca de recibirse. Uno sabe apenas un poquito. Llegar a la tumba con ganas de seguir aprendiendo”, dice en otro momento de la charla y quizás eso responde la pregunta nunca hecha. Así abandona definitivamente la facultad y se dedica de lleno y para siempre al teatro, que lo esperaba de brazos abiertos.
Quizás porque la arquitectura lo cautivó por varios años, Nacho vuelve trayendo de la mano, ahora también, a la escenografía. Forma, entonces,  junto a la iluminadora Leandra Rodríguez, Escenoiluminantes, una compañía dedicada al diseño y realización de obras lumínicas y escenográficas. Nacho diseñaba la escenografía, y también codiseñaba la iluminación en algunos casos.
En sociedad o en solitario, Nacho diseñó luz, escenografía, espacio de las obras Antígona, La voz Humana, El sabor de la derrota, Visitando al Sr. Green, Guachos, Kadish, La Música, Sra.Machbeth, Las sacrificadas, Las de Barranco, Proyecto Origami, Las Criadas, La más Fuerte (estas dos últimas dirigidas por su madre Marta Riveros), La Niña de Los Cerillos, con Omar Alvarez Títeres, Desde el Borde, de Liliana Tasso, entre tantas otras.
Este ballesterense de hablar grave y pausado, en principio, no se define ni como escenógrafo ni como iluminador, porque antes habría que definir con qué trabaja, sobre qué trabaja, y él trabaja con el Espacio, como él lo llama, haciendo con las manos un gesto que intenta ser abarcativo de algún tipo de bola de energía, sin forma aún pero con presencia. Para Nacho la luz es escenografía, la luz muestra espacio, y en muchos casos, se vuelve modeladora de ese espacio y generadora de escenografía. “Las situaciones escenográficas que me gustan ver son diseños de espacios. No me engancho tanto con pintar bastidores o armar rompimientos, y muchas escenografías se trabajan así. Por eso, creo, me corro un poco de ese lugar, porque para mí la luz, en este momento y como va evolucionando el teatro, empieza a ser escenografía, es la que determina el espacio. Y la escenografía empieza a reducirse a elementos, tal vez, y a pensar mejor en esos elementos. Y también el vestuario tiene ahora una preponderancia más grande, empieza a estar ahí.”
Ópera, danza, títeres, teatro para actores, stands, eventos, luces, escenografías, producción técnica, son algunos de las variadas facetas como compositor del espacio, ¿podría definirlo así? Definir es dar un límite, cercarlo, etiquetar, y Nacho es difícil porque es `volátil´, para usar la palabra con que él mismo definió su forma de aprender. Difuso, no por leve sino por experimentador. Tangible en su experiencia comprobada, e intangible en su saber, porque ¿dónde está el límite?
Para él, es en los ensayos donde ocurre la obra (lo afirma y se lo pregunta)
Para él, tener más luces no significa iluminar mejor. “Claramente depende de la dimensión del espacio a iluminar, pero donde decidís colgar y la dirección que le estás dando a lo que usás, es lo que muestra tu estética y tu intención de mostrar espacio y espectáculo. A mí me gusta cuando hay propuesta dramática desde el espacio. Y también cuando esa propuesta sabe entender el espacio donde está contenida esa obra, porque hay una física de la luz que hay que tener en cuenta”.  Para él, lo que no debe faltar en una obra de teatro es la cabeza generadora. “Podés no tener luz o escenografía pero si no existe esa cabeza no va a haber nada más. Y después, no puede faltar la dramaturgia, lo que vas a contar”.
El calor sigue. De ser necesario, Nacho se ofrece ir hasta el kiosko a comprar algo fresco. Y es necesario. Aprovechemos la pausa para trazar una línea de tiempo hasta ahora. Técnico y operador de luces, medio arquitecto, diseñador de espacios, de luces, de escenografía, productor técnico, y yo sumo, papá, porque pienso que debe ser otra forma de ser espacio. Todo eso junto y a la vez, es Nacho.
Y algunos lugares donde puso en juego lo que iba aprendiendo:Teatro Del Sur, Teatro La Carbonera, Teatro Belisario, Teatro Nacional Cervantes, Centro Cultural Recoleta, Centro Cultural de la Cooperación, Espacio Ecléctico, El Excéntrico de la 18º, Multiteatro, Teatro Gral. San Martín, Tecnópolis, Buenos Aires Lírica, Juventus Lyrica, Teatro Garcilaso. Y en el barrio, Centro Cultural Espacios, Centro Cultural Pavlova y la Biblioteca Popular Fray Mocho, la que Nacho considera su conexión con Ballester. La joven casadera, Hagamos una cita a la tardecita y Quién me quita lo Talado, estas dos últimas del Grupo de Mandarinas, fueron algunas de las obras que iluminó y escenificó en la sala de la Biblioteca. “Hoy el barrio está, a nivel cultural, en etapa de cosecha. Hay una explosión de cultura y gastronomía en Villa Ballester que aporta y ayuda que la parte teatral crezca”. Con los hermanos Claudio y Omar Álvarez compartió tres años entre giras locales e internacionales y el asesoramiento de luces para un par de obras. “Yo tenía bastante experiencia en giras y me llamaron para salir con ellos”. Sumamos a su lista de viajes Korea, Singapur, Colombia, El Salvador, Chaco, Mendoza, Córdoba, Santa Fe. “Hacía poco que había empezado a funcionar el Espacios, así que siento que fuimos creciendo en paralelo el centro cultural y yo”. Y sumamos también Perú, ya que durante un año y medio Nacho viajó regularmente a Cusco y Lima para el asesoramiento de equipamiento lumínico en el Teatro Garcilaso de Cusco, y el diseño de iluminación de obras para los directores Rocio Tovar y Eduardo San Román.
Paralelamente en Buenos Aires, Marcelo Savignone y Lucho Cohen lo convocaban para un asesoramiento en montaje y operación de luces en el Teatro Belisario, pero la relación con ellos fue mutando y creciendo, “Me dan una libertad absoluta”, y hoy lleva diseñadas con la dupla las luces de las obras Suerte, De noche, Mierda, Un Vania, y la recientemente estrenada Ensayo sobre La Gaviota, en el Teatro La Carpintería, de Capital Federal. Junto a éste último, sus trabajos como iluminador en el 2014 fueron las obras Pinedas tejen lirios, con dirección de Susana Hornos y Zaida Rico -por el que estuvo nominado en el rubro iluminación en los Premios Teatro del Mundo-, Ensayo sobre La Gaviota, de Marcelo Savignone, y Meyerhold, de Silvio Lang.
Con Lang, siendo ambos unos niños de 18 años,habían compartido muchas horas de trabajo en el Teatro Del Sur, en donde Silvio era un curioso asistente de dirección de Félix Alberto. Así que no dudó en sumarse cuando lo convoca para la obra Meyerhold, que dirigiría dentro del Ciclo Invocaciones, en el Cultural San Martin. “Diseñé más que nada la luz porque la escenografía no fue necesaria. Ya la impronta del lugar era recontra grosa, tenía una gran presencia, y si bien no era la época iba muy bien con el concepto de la obra”.

Los años avanzan y vamos acumulando capas, pieles de experiencias, datos, imágenes, sensaciones. Ese hardware que somos se va llenando de software, y cada tanto es necesario pasar el antivirus para limpiarnos, o el desfragmentador para ir haciendo espacio e ir guardando lo que creemos que nos servirá en algún momento (y lo que no sirve también pero en otra carpeta, en la de cosas.que.sé.que.no.quiero.hacer)
Selectivo pero flexible a la vez, dice elegir los proyectos por las cabezas que los llevan adelante, por los que forman el equipo o por el aprendizaje o crecimiento que pueda percibir en ellos.
Cómo se ilumina una obra aparece en la primera charla con el director. Y seguís diseñando después cuando conocés el lugar donde va a ocurrir la obra” Ahora bien, más allá de la corporalidad de posiciones, gestos y miradas que recibe del director convocante, Nacho no deja de tener en cuenta a la obra desde el texto, como la génesis del proyecto.
Hay un concepto de luz ya en el texto. Primero veo el Espacio. Después, veo la cosa más dramática digamos. Me refiero a ciertos colores que corresponden a ciertas situaciones, a cierto código más colectivo de colores, aunque trato de correrme de ahí, porque a mí me parece más dramático iluminar espacio que escena. A veces se ilumina para mostrar al actor o para mostrar lo que ´hay que ver`, pero se puede mostrar eso de otro modo, no necesariamente hay que ponerle un frontal para que se lo vea, podés ponerle un contraluz o iluminar la pared de fondo y estás jugando con el actor en penumbras. Uso el laburo en equipo, uso los confines que te va poniendo el director para diseñar, para pensar lo que va a estar sucediendo
Acaba de ganar la beca de perfeccionamiento que otorga el Instituto Nacional del Teatro (INT) porque considera que le falta la “pata académica” en todo ese tránsito de autoconocimientos, y eligió a Mauricio Rinaldi, iluminador del Teatro Colón, para perfeccionarse en ese área. “Me gusta porque es una persona muy humilde, y es muy académico. Y yo necesito esa pata estructural ingenieril. Intercambiar, complementar con lo que sé”.  Esta es su segunda beca. En el 2010 recibió la del Fondo Nacional de la Artes (FNA) para investigar escénicamente en torno a los conceptos de proxémica y topología del espacio.
En el teatro confluyen muchas cosas. La historia, la composición visual, lo sonoro, el sonido de los cuerpos, el movimiento de los cuerpos”.
Me pregunto qué diría yo si me preguntaran por influencias, gustos, inspiraciones o aquello que deja en uno algún eco, una resonancia, un rasguido. Nacho responde categórico “A mí me gusta lo oriental, en general.Y no necesariamente en el teatro. Me gusta la síntesis, sus trazos, sus dibujos, sus formas de iluminar, su filmografía, directores como Kobayashi, Ozu, Miike, Kurosawa, las artes marciales, el animé, las máscaras balinesas, el teatro de sombras de Indonesia y de Tailandia. Me parece que tienen una forma de entender la naturaleza diferente, y que se han manejado de manera diferente con respecto a su representación. Me parece mucho más interesante que la de los occidentales”.
La entrevista sigue unos meses después, y el calor también. En este verano largo, un galpón en el barrio de Sáenz Peña es un refugio de un mediodía crudo. Sierra circular, mueble en proceso, aserrín descansando en las mesas. A Nacho lo habita también un carpintero, de la mano del escenógrafo, o del simple y fundamental hecho de fabricar, de desmenuzar la materia con la que se trabaja, explorarla, deformarla para darle una nueva forma.
Otra vez técnica y sensibilidad, porque Nacho también hace producción técnica en un espectáculo, algo que no siempre está valorado, o quizás, mejor decir que pocas veces se piensa en una persona para llevar adelante ese rol. Es un nexo, una amalgama, quien baja a tierra al director, o al contrario, lo alza en vuelo, el que tiene en cuenta la seguridad fuera y dentro del espectáculo, y cuando hablo de seguridad no me refiero a poner hombres fornidos en la puerta evitando que los actores sean desgarrados por sus fans, sino a la situación física (estructura, técnica, equipamiento, por ejemplo) que debemos tener en cuenta a la hora de montar una obra. “Me  llevo bien con esa parte”.  Tanto en el comercial, como en el oficial o en el independiente, el teatro ofrece un lugar de aprendizaje, sumamos cada experiencia como cocardas a un traje. Y sus partes son (casi siempre) las mismas: Tenemos luces, parrilla de luces, canal de luces, trastos, superficie, disposición escenográfica, física de la luz, física de los materiales, cuantos tachos para que cosa, cuantos alargues para dónde, cuanto peso para sostener qué. Tenemos sala, espacio, platea, escenario, espectadores, actores, tenemos todo eso pero no siempre de formas iguales: caminando codo a codo con lo que se necesita o se quiere, está el  presupuesto, y la administración de ese presupuesto. Y les recuerdo que Nacho no considera que más luces significa mejor iluminación. Por lo que (casi) podríamos afirmar que tampoco más presupuesto es mejor resultado. “El teatro independiente te enseña y ayuda a observar lo que ya tenés, te hace apreciar lo que brindan los lugares donde hacemos teatro, y a veces trabajás con eso”  
Lo que sí define de él mismo es ser un buen asador y comensal de asado. Hablamos de saber administrar el fuego, de cuándo y qué poner en la parrilla según su cocción. Ya Nacho le divierte formar la analogía  “El trabajo de ensayos es comparable a hacer un buen asado”. Poner toda la carne al asador, saber hacer un buen fuego. Un grupo de teatro necesita tener y mantener un buen fuego encendido. “El teatro es una de las primeras formas de la humanidad de narrar y contar historias. Antes de que exista la escritura cuneiforme y el arte pictórico ya se contaban historias, narraciones místicas pero también educativas, de cómo hacer esto, o cómo aprender a hacer alguna cosa. Era transmisión. Muy probablemente para mí, el teatro empieza siendo educación
Queda la charla en la grabadora, la tarea será luego armar esto que acaban de leer. Gabriel García Márquez afirma que el periodismo es una forma de (hacer) literatura, porque es recrear una realidad. Es una suerte de docu-ficción. Una parte tiene datos reales y concretos y una parte de las apreciaciones de quien escribe.  “La cooperación del teatro me parece muy linda. El montaje, el intercambio, la hechura de la obra, los ensayos. El sentimiento de cuando ves por primera vez las funciones, donde todo está sucediendo, ahí hay una especie de magia. Eso me gusta del teatro

 

OTRAS EDICIONES DE PICADO FINO

GABRIELA CIVALE
GABY GAP
CLAUDIA CICCHETTI
HORACIO FAILLACE
EMILIANA DE CRISTOFARO
NACHO RIVEROS
ROXANA BERNAULE
PABLO DRIGO
JOSE LUIS GALLEGO
LILIANA TASSO
ROCHA BELINQUE HALPERIN
MIGUEL CAVIA
CINTIA AXT
RODOLFO CICCHETTI
OMAR ALVAREZ
CARLOS KASPAR
CRISTIAN PALACIOS
SEBASTIÁN RICCI
EDUARDO PAEZ DUARTE