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#11 ROXANA BERNAULE

Artista y docente de teatro integrado - Directora de la compañía Babilonia. Nació el 6 de Enero de 1974

VECINA DE SAN ANDRÉS

Texto: Silvia Oleksikiw / Fotos: Fernando Carrera

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CAMBIAR LA MIRADA

El Campus de la UnSam (*) nos recibe con su  amplio espacio. Elegimos una mesa pero nos vamos corriendo del sol que amenaza caluroso y que más tarde extrañaremos.
Roxana está acompañada por su bicicleta, su mate, un cuaderno, su pelo negro, un sombrero bombín en la cabeza, aros rosas colgando de las orejas, aros que elige cuidadosamente en combinación o en contraste con su ropa y con el día. Pequeños gestos de coquetería en esta docente especial, actriz y directora de la Compañía Babilonia de Teatro Integrado.
Resumir en renglones los momentos hitos de la vida de cada uno no es tarea fácil.  Ahí vamos.
Roxana es Profesora Especial recibida en la Escuela Normal Nro. 6 de Palermo y da clases en las escuelas a grupos de personas con discapacidad.
Tenía 16 años cuando la orientadora vocacional dijo ´Educación especial´ y la propuesta sorprendió a la propia Roxana que decía no tener una vocación clara. Pero a veces son los otros los que nos ven mejor, los que pueden leer en nosotros rasgos que aún son gruesos o incluso que desconocemos, tal vez por tenernos tan cerca a nosotros mismos.
Yo era alumna del Instituto Santa Ana y viajé con el colegio como misionera. La experiencia fue tan fuerte y movilizadora que me quedé preguntándome ¿Qué espacio quiero en este mundo para mí? Después empecé a dar apoyo escolar en la Villa El Congo en San Isidro. Ahí  conocí a Fito, un chico con discapacidad motora con el que nos hicimos inseparables. Y ocurrió algo casi mágico: como él podía, a su modo, con su dificultad para hablar empezamos a dialogar. Hicimos un vínculo muy fuerte, nos esperábamos el uno al otro”. Estos fueron los dos momentos que eligió contarle a la psicopedagoga como sus experiencias más potentes y que terminaron guiándola a la educación especial.
Recién recibida, fresquita, dice ella, toma un Taller de Juegos como parte de su capacitación docente con Gerardo Jelin “Había algunas cosas del profesorado que no me gustaban nada, y empecé un camino de búsqueda, y tuve la suerte de encontrarme con él porque me cambió el enfoque totalmente. A diferencia del profesorado que me bajaba una manera más lineal, donde el docente es quien ofrece ´todo´ al discapacitado, él me hizo ver que ese otro, el alumno, tiene un montón para ofrecerte, y que es un intercambio de conocimientos. Y fue bellísimo, salía con la cabeza alborotada

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ROXANA BERNAULE

Empezó a conocer lentamente el teatro de la mano de la danza. Roxana tomaba clases de Jazz Creativo con la bailarina Magaly Avila (que más tarde abriría el espacio cultural Recrearte) quien empezó a incorporar el teatro en sus clases. “Esto es hermoso, pensaba. Volvía de las clases y no podía parar de pensar, de querer hacer, de ver obras, algo que te sucede y no podés frenar. ¿Viste que el arte viene y te transforma?, algo que te va sucediendo en esa convivencia con lo que vas haciendo y que te empezás a mirar distinto”.
Roxana ya era profesora en Crecer Instituto Diferencial, y la docencia se iba mezclando con el teatro. De a poco, lo que ella aprendía como bailarina y actriz lo iba incorporando a sus clases como docente especial.
Tenía a su cargo el grupo de Taller: el de los más grandes.
Ella era la profe que hacía locuras y que terminó generando espacios de salida con sus alumnos. Consiguió que la Municipalidad les diera un permiso para vender las artesanías que hacían en el taller en un puesto sobre la peatonal Belgrano para que ellos se ganaran su propio dinero; “Eran cinco pesos pero lo importante era que eran de ellos, que lo habían logrado ellos mismos con su trabajo” . También, visitaron escuelas comunes llevando una clase especial de Armado de Artesanías para 5to y 6to grado. “Fue una experiencia muy importante porque para muchos era la primera vez que estaban en contacto con tanta gente. Y lo más hermoso, fue que los otros alumnos se acercaban a preguntarles a ellos cómo se hacían”.Llegados a este punto en la vida de Roxana (seguramente hay mucho, muchísimo más detalle fino que sumaría matices al momento pero que se pierde en la gran historia) ahora sí, ya se unieron la docencia con el teatro y empiezan un camino juntos.     
El intento fallido de armar un taller de teatro para chicos con discapacidad en Recrearte terminó en el desembarco de clases de teatro en el instituto Crecer.  “Cada mañana me decía ´Uff, esto me está superando´. Yo les llevaba propuestas que me daban a mí en mis clases de teatro y que yo como actriz me cuestionaba, me enroscaba y no podía resolver, y mis alumnos me devolvían algo superior, yo estaba siendo favorecida como artista”, y se emociona al recordarlo.
Catorce años de docencia en donde todo lo que Roxana iba aprendiendo en su vida lo ponía en juego en sus clases. De este cruce resultaban las obras que iban saliendo del grupo. Así armaron en el 2001, Bandoneando con Don Quijote, una creación colectiva donde convivían Don Quijote, Sancho Panza, Juanito Laguna, un tanguero y noticias de la actualidad de aquellos años de la Argentina.  Y salió tan bien y tan orgullosa estaba de los logros del grupo que quería que la gente los viera “Así que me animé y los anoté para participar en los Torneos Bonaerenses. Ellos me dieron la oportunidad de mostrar como trabajábamos. Nos sacamos el tercer puesto”, dice en una mueca vocal que disimula su orgullo.
Un año más tarde, y junto a Vanina Grossi, hacen un prototipo ó primera experiencia de teatro integrado. “Vanina era la profe de teatro del Santa Ana y me invita a ir con mi grupo de Crecer. Tuvimos un par de encuentros juntos, sus alumnos adolescentes y los míos, en donde trabajaron a partir del clown y con textos de Galeano. Fue un ensamble hermoso, aparecieron cosas maravillosas en ese encuentro. Hicimos dos funciones, en el José Hernández y en el Complejo Plaza”.

De ahora en más, Roxana palpitará y caminará irremediablemente hacia el destino de integrar al grupo: personas con y sin discapacidad compartiendo juntos la tarea de hacer teatro.
Junto a Ana Clara del Moral, también docente especial del Crecer, deciden trabajar sobre los miedos: los miedos de los alumnos pero también los de los padres de estos chicos, y convoca a Mercedes Flamma y Micaela Picarelli, dos de las alumnas de Vanina que había conocido en la experiencia en el Santa Ana. Trabajando ya de forma integrada, Mario Benedetti les dio palabras, inspiración y el título de la obra que presentaron más tarde como resultado del trabajo, Te mires al mirarme. “Empezamos con el miedo y terminó hablando del amor, de la concepción del amor que tenían estos chicos, de las cosas no dichas, del deseo”. Integración en su más puro significado. Según el diccionario, integración es la acción y efecto de integrar o integrarse, constituir un todo, completar un todo con las partes que faltaban o hacer que alguien o algo pase a formar parte de un todo. Integración de personas e integración de recursos y disciplinas: técnica de Máscaras, Títeres, Sombras, Música, clown se fueron sumando para generar un lenguaje propio. “Yo no quería que la palabra fuera un obstáculo y fui descubriendo con las experiencias cuál era el lenguaje que nosotros proponemos como teatro integrado; un teatro que se genera más a partir de la imagen y de los cuerpos en movimiento que del texto hablado”.

Roxana presentará entonces su proyecto en la Municipalidad de San Martín pero quedará años encajonado; hasta que en el 2008, Elina Busategui, directora del área de Capacidad Diferente de dicha Municipalidad y conocedora de su trabajo, le dijo “Traeme el proyecto de teatro”. Era la época del grupo Luz Azul, junto a Rocha Belinque Halperín, y como Roxana cree fervientemente en el trabajo en equipo le propone a su compañera hacerlo juntas.
Y sale andando, y sigue andando hasta hoy y con muchos docentes más, el (entonces primer) Taller de Teatro Integrado gratuito y abierto a la comunidad. “La Municipalidad nos daba un espacio para hacer el taller. Fue muy importante porque me pasaba, en intentos fallidos en espacios privados, que la gente no pagaba por hacer un taller de teatro integrado. `Qué lindo lo que vas a hacer`, me decían, pero se iban a hacerlo a otro lado. Había que darlo a conocer para que entendieran lo que era y lo valoraran
Si bien los tiempos y los procesos en teatro integrado dependen de cada grupo, son los preconceptos referentes a la discapacidad los que en muchos casos generan ciertas resistencias.
Pero es el juego del teatro y el encuentro con lo artístico, dice Roxana, el canal que permite romper esas barreras. “La gente con discapacidad se conecta desde el presente y el encuentro, desde la propuesta de juego y expresión, y como la mirada social no está tan presente las reacciones son más genuinas. Hay que ir a ese encuentro con el otro, y no pensar qué tendríamos que hacer por ese otro, porque el otro sabe muy bien lo que tiene que hacer”.
En la segunda obra que habían armado en el taller, Le gusta andar descalza, habían coqueteado con el texto incorporando una relectura de escenas de las obras El Zoo de Cristal de Tenesse Williams y Ejercicio para Actrices, de Griselda Gambaro, pero el grupo ya estaba para más. “¿Qué pasa si empezamos a incorporar la palabra?, me pregunté. El taller venía de trabajar la creación colectiva y con mucha impronta puesta en la imagen. Y cuando una de las docentes me da para leer la obra de Discépolo (**) dije ´Somos nosotros, es la olla con todos los miedos, los prejuicios, los egos, la dependencia´. Trabajamos dos años y la presentamos sólo un par de veces. ¿Y esto va a morir acá?, me pregunté”.
Roxana tenía el sueño de armar una compañía de teatro integrado y caminaba directamente hacia eso. Y Micaela, que ahora ya era docente de sus talleres en la Municipalidad, es quien la acompaña para seguir soñando.
La actual Compañía Babilonia de Teatro Integrado tiene su germen en estos talleres, en ese punto exacto donde, en algún momento, el grupo se establece, y surge la necesidad a partir del crecimiento.

Así, en el 2013, a pesar de que la organización del Festival Regional de la zona le dice que quizás no fuera ese el contexto donde presentarse y competir con otras obras a nivel profesional, Roxana decide anotar al grupo con la obra Babilonia defendiendo lo profesional de su propuesta. Así que anotados y participantes del Regional. “Saber en qué punto estábamos junto a otros artistas, se revalorizó mucho el trabajo que se hizo, lo que pasó como proceso grupal, entender que eso era lo que queríamos hacer, que aspirábamos a que el trabajo crezca más. Todo esto nos dejó el paso por el Regional. No queríamos ganar un premio, sólo queríamos que el material se viera. Fue un antes y un después”.
Esta experiencia, entonces, consolidó el grupo que iba a ser parte de la compañía. Quedaron los que querían y/o los que podían sostener ese compromiso. Comenzaron a organizarse y a llamarse Babilonia. Y consiguen que la Biblioteca Popular Fray Mocho les ceda un espacio para ensayar semanalmente como grupo. Construir sin prisa y sin pausa un espacio de pertenencia. “Este año, además de los días de ensayos y puesta, sumamos un día solo de entrenamiento que lo proponen diferentes integrantes de la compañía, y es muy interesante porque algunos que nunca dieron clases arman la capacitación desde el lenguaje artístico que vienen desarrollando”.
Desarrollar la adaptación, la escucha, el sostén, la disponibilidad, la entrega. Conocer por donde pasa tu humanidad. Corrernos del ego. No estar presente es imposible en una compañía integrada. “¿Cómo es el proceso creativo de una compañía integrada?, nos preguntamos. Estamos permanentemente en aprendizaje, descubriendo nuevas maneras, qué se necesita, haciéndonos preguntas sobre por dónde es, replanteándonos; y eso hace que el proceso no sea cerrado” Hoy llevan hechas muchas funciones. Visitaron universidades y teatros dentro y fuera del barrio y dentro y fuera del Gran Buenos Aires. Su nuevo proyecto los encuentra trabajando desde el código de clown, dirigidos por Sebastián Pomiró y Cintia Axt (con los que Roxana también comparte la Compañía Harina Leudante).

La charla sube suave, sigue intensa, se pausa para tomar un mate, dos mates, tres, retoma desde la evocación, alguna voz ajena y pasajera se filtra en el entorno, y pasa un tren, un avión, un perro escarba la tierra, otro perro lo persigue.
La capacidad de resignificar las experiencias que se viven pone en juego la posibilidad de transformación de espacios y de algunas realidades, no para desoírlas sino para que estén en uno de manera menos dolorosa.
Esa capacidad es una constante en la vida y el trabajo de Roxana.
En el 2009, le diagnostican un tumor maligno. El tiempo en hospitales la hace preguntarse como transitar esos días hospitalarios. La acompañaba Vanina, su amiga desde la época del Santa Ana, y del box donde esperaba los primeros tratamientos las risas y los mates eran una constante. Películas, proyectos de viajes, música, lectura, marcadores de colores, títeres de papel. “Me preguntaba qué se podía hacer para pasar el tiempo de manera un poco más lúdica. Pensaba que si para mí era difícil, para un niño debe ser aún más complejo. A mí me gustaría ver teatro, dije. Así que empezamos a imaginar un mini espectáculo para llevar a las salas de pediatría de los hospitales, yo quería trabajar con el material hospitalario, resignificarlo”.
Esta primer idea finalmente se cruza con Omar Álvarez y nace Titiribióticos, títeres de hospital, que llevan obras a hospitales pediátricos y que también dejan herramientas para que el paciente pueda realizar su propio títere y construir sus propias historias, y que él ahora sea el que nos cuenta. “Me acuerdo que leí el proyecto mientras estaba internada. A mi hija, Morena, podía verla a través de un vidrio, sin poder tocarla, así que le construí una muñeca patona, y la esperaba con pequeños espectáculos que ella veía desde afuera. No hubiera podido transitarlo de otra manera
De adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro. Lo máximo de lo mínimo, sutileza, sin estridencias, no empujar la situación sino seducir, conquistar, sería el concepto. “De alguna manera este trabajo hace que los otros cambien la mirada sobre el espacio hospitalario en general, porque terminamos trabajando no sólo para el niño internado, sino también para el personal que lo asiste y para los acompañantes de estos chicos
Proyectos son realidades. Proyectos que nos mueven a hacer, a concretar, a ir por más.  Que el futuro la encuentre trabajando, o soñando (creo que en ella van de la mano). Porque el presente aparece como un espacio de abono, de intercambio, donde el encuentro nos devuelve nutridos. “Culturalmente el barrio está estallado, está hermoso. Es increíble tener tantas propuestas artísticas y de tanto nivel profesional. Esto no se veía años atrás. Estoy súper agradecida de pertenecer a este barrio. Nos estamos nutriendo entre nosotros. Conectando espacios y compañías. Por ejemplo, el grupo de artistas independientes, colectivo FLA, del que soy parte, surgió solo, antes, de habernos unido. El partido de San Martín es hoy una usina”.
Quedarán en el tintero su paso por la Compañía Omar Álvarez Títeres y por la Comedia Municipal, su trabajo en cárceles e instituto de menores junto a  José Luis Gallego, su sueño de un hogar para personas con discapacidad…Los dejamos en el punto exacto de la curiosidad.
Varios días después de nuestro encuentro Roxana me manda estas líneas, que elijo ponerlas como cierre “Los nombres de mis maestros: Magaly Ávila, Ana Clara del Moral, Pina Bausch, Miguel Cavia, Juan Carlos Trichilo, Peter Brook, Eugenio Barba, Bertolt Brecht, Cintia Axt y Danielle Finzi Pasca, Omar y Claudio Álvarez, Pablo Gershanik, Paula Requeijo, Vanina Grossi, Mariana Ramos, José Luis Gallego, Teresa Orelle y mi gran maestro en pedagogía Gerardo Jelin. ¡Son un montón! y viste que te puse los grosos del barrio mezclados con los otros grosos. No puedo dejar de pensar que uno también es por los que atravesaron tu camino”.

 

(*) Universidad Nacional de San Martín
(**) Armando Discépolo, dramaturgo argentino, autor de la obra Babilonia, entre otras.

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