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#12 PABLO DRIGO

Actor y director de Las Musas Club de Arte - Nació el 26 de Mayo | VECINO DE VILLA BALLESTER Y SAN ANDRÉS

Texto: Silvia Oleksikiw / Fotos: Fernando Carrera

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TODO TERRENO

La anécdota viene a cuento para graficar su disfrute por la música pero sobre todo para contar su decisión de vivir del teatro. “Yo tenía 12 años y me rateaba de las clases particulares, me ahorraba la plata y me compraba discos, y para hacer tiempo me iba a una disquería enfrente de la estación San Martín. Cada vez que iba les pedía si me ponían temas que yo quería escuchar y un día el dueño me dice, `mirá nene, acá no se viene a escuchar música, ¿querés trabajar acá? Vení con tu papá y tu mamá y hablamos´. Me acompañó mi mamá y así se enteraron que yo me pasaba días y horas en ese lugar. `Mientras no me baje las notas puede´, le dijo mi vieja al dueño, Alfonso Bruno. Y así empecé, acomodando discos, y me terminé quedando 10 años, y llegué a ser el gerente. Alfonso me enseñó un montón de música. Pero a los 22 años cuando recibí mi carnet de la AAA (**) por mi primer trabajo pago como actor, fui y renuncié. Yo quería trabajar únicamente de actor. Hice de todo para lograrlo, cosas tremendas artísticamente hablando pero no me arrepiento de nada
Este que presentamos es Pablo Drigo, y podríamos decir que sus orígenes teatrales fueron por casualidad (aunque ¿existe la casualidad?). Ya en el secundario, este autodefinido muy mal alumno, se escapaba también de las clases de historia y se escondía en las de teatro que daba la profesora Cristina Spotorno en el colegio Perito Moreno de San Martín al que Pablo asistía. “Yo era el único varón en su clase así que me necesitaba. Me escondió tres años y cuando no podía esconderme más, pedía permiso para sacarme de las otras clases”. Terminado el secundario, por seguir a una mujer, Pablo desembarca en la escuela de teatro de Francisco Tricio. “La chica se fue rápido, y yo me quedé para siempre”.

Su debut teatral lo recuerda con mucho humor y cierta nostalgia de desafíos tempranos. Fue en la obra Juan Salvador Gaviota, que dirigía Tricio y que éste había adaptado junto a Ana Pzonka. “Yo hacía tres meses que estudiaba teatro con él y no estaba en el elenco de la obra, pero iba a todos los ensayos. Un día algo inesperado pasa y ¡había que reemplazar al protagonista! Según Tricio yo era el único que podía ser Juan Salvador, “porque sos chiquito” me dijo, y que tenía que prepararlo rápido porque se estrenaba en una semana. El día del estreno me acuerdo que sentí mucho miedo y una responsabilidad muy grande. Ya en el escenario y con el público en la sala esperando que empiece la función, me bajé de la roca donde mi personaje empezaba la obra y me fui al camarín y empecé a desvestirme.`Esto no es para mí, no me

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PABLO DRIGO

acuerdo la letra´ les dije a mis compañeros Roxana Boado y Francisco Filomía que hacían de mis padres. Y ellos me dijeron que estarían ahí para sostenerme, me volvieron a vestir, me dieron un abrazo y sin darme cuenta estaba otra vez en el escenario haciendo mi papel y diciendo toda la letra”. Así fue el estreno de la obra en el año `90 en la sala IEC (*) en El Hogar Obrero de San Martín, en el 2do piso de la calle San Martín 122 (hoy depósito de un supermercado). Hicieron funciones en distintos teatros de Bs. As, en el Auditorio Municipal de Gral. San Martín, en el Teatro José Hernández de Villa Ballester y participaron del Encuentro Regional de Teatro Martín Fierro en San Fernando. “Para difundir la obra y llevar público volanteábamos en la plaza ¡vestidos de gaviotas! Una de esas veces me encuentro en el Bar Urbión a Gianni Lunadei que estaba haciendo  “Matrimonios y algo más…” en el Teatro Ateneo, enfrente de nuestra salita del IEC. Estaba tomando un café con parte de su elenco, y yo, soberbio les tiré un volante en la mesa, y el me preguntó `Pibe, ¿trabajás acá?´,Y les dije si, que ellos llenan tres funciones y que nosotros apenas llevábamos 30 personas en una. Y él me dijo ´sabés a cuántos de nosotros nos gustaría estar haciendo lo que haces vos, pero a veces para comer hace falta hacer lo que hago yo´. Me dio una lección de humildad, y me hizo cambiar la mirada, porque muchas veces desde el teatro independiente hay mucho prejuicio con el teatro comercial”. La última función fue en el año ´92 en el Auditorio Islas Malvinas de la Municipalidad de San Martín, en el marco del Festival que Tricio había organizado en esa delegación.
Pablo Drigo es Pablo Rodríguez González. “Mi apellido era el más largo y los programas los hacíamos a mano en esa época, así que mi maestro apareció un día con varias opciones de nuevos apellidos, y terminamos eligiendo éste. Hoy hasta mi mujer y mis hijos me llaman Drigo”.
El “Maestro” es Francisco Tricio, formador de una gran camada de actores de la región y, según Pablo, continuador allá por los años ´55/60, de Escuela Tiempo de Teatro fundada por Hugo Loiácono (quien hubo aconsejado a Mauricio Kartún, en sus tempranos inicios como cuentista, que estudiara dramaturgia). El trabajo en villas y su continuación en el Auditorio Hugo del Carril de José L. Suárez lo hicieron sufrir bastantes persecuciones políticas (Ver Serpiente Amarilla #3/ Rodolfo Cichetti). Tricio también era el Profesor de Teatro de la municipalidad y en donde Pablo empieza a tomar sus clases, siguiendo a aquella muchachita. “Nosotros éramos el Elenco Municipal pero sin nombramiento oficial. Cuando se crea la Comedia Municipal fuimos desplazados, Tricio fue desplazado después de 30 años de trabajar ahí. Peleamos mucho intentando recuperar ese espacio, pero después de muchas idas y vueltas Tricio decidió que no valía la pena seguir perdiendo tiempo, dejando de hacer teatro que era lo que queríamos hacer y lo que nos daba placer hacer”.  El grupo, entonces, alquila una casa para instalar la escuela, en la calle Lincoln y Liniers, en San Martín, en donde estuvieron 13 años hasta que el lugar les quedó chico y decidieron mudarse a una casa más grande. Ya en la nueva sede, tres robos los dejaron con cada vez menos recursos y terminaron fundiéndose, pero teniendo la historia de resistencia de Tricio, que escapaba por los techos a las persecuciones militares, se mudan una vez más. Tiempo de Teatro estaba firme y seguía insistiendo.  Pablo allí fue actor: la ya mencionada Juan Salvador Gaviota, El hipopótamo blanco, de Hebe Serebrinsky (2° premio Encuentro Regional de Teatro Bonaerense), Esto recién empieza, de Rubén Fasciolo, De vez en cuando utopías, (apadrinados por Joan Manuel Serrat), Hay que apagar el fuego, de Carlos Gorostiza, La gota de Miel, de León Chancerel (primero como actor y luego como director, 2º Premio Torneos Bonaerenses) entre muchas otras, y, más tarde, fue también asistente y co-director con Juegos a la hora de la siesta, de Roma Mahieu (1° Premio Torneos Bonaerenses, 2° Premio en el área regional Espacios Vacíos), Brasas, Fuego de Noche, de Rogelio Borra, ¿Alguien quiere ponerse mis zapatos? y En las Vueltas de una Oreja éstas dos últimas también como autor.

Luego del fallecimiento de Tricio la escuela siguió al frente de Pablo, Franco Speranza y Ricardo Rapisarda hasta el 2008. Un año después Pablo y Ricardo abrirían Las Musas, y más tarde, Franco, fundaría Arteatro Cyrano. Durante y después de Tricio, Pablo viajó a Capital Federal para seguir formándose casi  en forma permanente. Estudió Actuación con Hugo Urquijo, Luciano Suardi, Alicia Zanca, Roberto Villanueva, Ruben Szuchmacher, Laura Yusem, Augusto Fernándes, Ricardo Bartis, Alejandra Boero, Miguel Cavia, Jorge Stitzman, George Aubert, entre otros, Varieté con Leandro Rosati, Clown con Marcelo Kats, Expresión corporal y Danza con Ana Frenkel, Hugo Valía y Silvia Bazilis, Canto con Corina Harry, Adriana Barbera y María Sarmiento. Cine y televisión con Eliseo Subiela, Eduardo Milewicz, Javier Torre, María Herminia Avellaneda, Carlos Berterreix, Hernán Abrahamsohn y en Títeres Búlgaros con Antoaneta Madjarova, con quien también compartió 7 años de trabajo en el Grupo Kukla.
Abierta la brecha inquebrantable de “vivir del y en arte, como decía mi maestro”, dice haber pasado años difíciles y menos difíciles, pero no dudó en invertir su primer sueldo “importante” en abrir en el barrio su sala Las Musas Club de Arte en la calle América 4178, Malaver. “Me convocan para dirigir ¡Socorro, malcriados! en el teatro Broadway de Capital Federal, y con esa plata, más la venta del auto de mi hermana, la abrimos
Las Musas abrió sus puertas en el año 2009 cuando la gripe A se paseaba por Buenos Aires y la gente, asustada, se escondía en sus casas por miedo al contagio. Los teatros sufrían la ausencia de público o la reducción de sus espectadores. Silla de por medio, barbijo, alcohol en gel y pánico eran el condimento del momento. Pero, como lo que no mata fortalece, la sala apostó a seguir y estar sin dejar de abrir en ningún momento. “Al principio fue problemático pero apostamos a hacer funciones con el dúo que tenía en esa época junto a Alejandro Lastra, Los Marrokos, y la gente respondió. Las funciones, poco a poco, iban resistiendo la gripe”. Su sala se caracteriza por tener espectáculos todos los fines de semana y por servir unas magníficas picadas, pre o post, pero nunca durante función. “Es el lugar del que no nos queremos ir, y realmente no nos queremos ir cuando vamos, por eso ofrecemos picadas, para que la gente pueda venir antes, y estar y quedarse después. Una vez sola no hubo picadas por pedido del grupo que actuaba esa noche y terminó la función y la gente se fue rápido, y dije `no lo hago nunca más´, no es lo que queremos para Las Musas, nos gusta pensar el teatro como un lugar de encuentro, un hecho más allá que el espectáculo en sí mismo
Admirador del cine de Eliseo Subiela, al ver una de sus películas, conmovido, Pablo le escribió una carta a mano y se la llevó al estudio. La carta fue recibida por la recepcionista y Pablo pensó, malhumorado, que ahí quedaría para siempre. Pero fue grande su sorpresa cuando el propio Eliseo lo llama por teléfono a su casa para agradecerle la carta. “Justo era mi cumpleaños. Te podrás imaginar que pensé que era una broma. Pero no. Me invitó a conocernos y después a hacer un taller de Actuación frente a cámara en forma gratuita en su escuela, luego a participar de una película en Uruguay, luego en otra y otra, y ya llevo cuatro películas con él, siempre con papeles chicos, así que ya espero el protagónico”, remata con una carcajada. Más tarde, en el 2012, lo convocaría para hacer el personaje de el suicida en la versión teatral de Hombre mirando al sudeste, donde compartió escenario durante casi dos años con Lito Cruz, “Durante esos años de trabajo juntos tuvo gestos con el elenco muy generosos y poco comunes en cierto ámbito comercial. Podemos tener muchas diferencias  políticas, estéticas o artísticas pero humanamente tuvo gestos que no puedo dejar de valorar y eso me hace admirarlo
Hoy está a cargo de la cátedra de Dirección de Actores de la Escuela de Cine de Eliseo Subiela, y fue, hasta el año pasado, profesor de Teatro en penitenciarías, un proyecto de reinserción de ex convictos y convictos que llevaba adelante Lito Cruz junto a su mujer María Dutil, quienes convocan a Pablo como uno de los docentes del proyecto.
Más tarde uno de los resultados fue el estreno en 2014 de la obra El cajero que fue hasta la esquina, de Aurelio Ferreti, en el Teatro La Mueca, de Capital Federal, con un elenco integrado por actores (Pablo entre ellos) y por quienes estuvieron o estaban en situación carcelaria. “Está comprobado que a partir de los talleres de cultura, artísticos, en las cárceles bajaron la violencia, los conflictos internos y la reincidencia, canalizan a través del arte”. Se define esencialmente Actor. ”Todo deriva de ahí, el director, el docente, el tener una sala”.
Cine, teatro y televisión, títeres, giras, comedia musical, murga, infantiles y obras para adultos. Pablo trabaja tanto en el teatro independiente como en el comercial, como actor y director. Dirigió las obras de Juan Paya ¿Y ella quién es?, Ansiedad porque sí, TheFun Musical Band y La Remisería, y ¿Quién, yo?, esta última de Dalmiro Sáenz y fue dirigido por Alicia Zanca, Guillermo Asencio y Corina Harry en las obras La zapatera prodigiosa, Grítame, Ricardo III, La Gaviota, Edipo, El Caballero de la armadura oxidada, entre muchas otras.

El teatro independiente es independiente de ideas no de recursos. Si viene (Carlos) Rottemberg o la municipalidad, y quieren poner plata en mi proyecto, mientras me dejen decir lo que yo quiero decir ¿cómo les voy a decir que no? es una locura, ¡bienvenidos! Algo así pasó con Chicos Católicos (***) que Juan Paya me propone dirigir pero yo no podía porque me iba de gira con la obra Gritame. Ese proyecto empezó siendo independiente y sigue siéndolo y si a eso se suma que puede ser masivo y que lo vea más gente, buenísimo, porque se propagan las ideas
El barrio lo mueve y lo conmueve, lo mantiene en eje. “El barrio culturalmente me encanta, que haya centros culturales por todos lados y que podamos convivir. Nuestros viejos, teatralmente hablando, no tenían esa posibilidad. Creo que nosotros, los que los seguimos, entendimos que el éxito está en la apertura
Este vecino actor se autodefine súper familiero. El es uno de los tres hermanos González Rodríguez, de padres españoles, venidos de zonas cercanas a Galicia pero que fue necesario que llegaran a Argentina para que se conocieran y armaran familia. “El 1ero de enero es incondicional, sí o sí nos juntamos todos los primos
Junto a su hermana Valeria, cantante de tangos, llevan adelante Las Musas, su otro hermano vive en Francia y es buzo profesional. Los tres hermanos conocieron el pueblo de donde había emigrado su papá con su familia 50 años antes. De ese viaje, cada uno conserva hoy una taza de aquel último desayuno de su papá y sus tíos en la casa natal del pueblo montañés, y que había quedado intacto sobre la mesa.

“A mí me inspiran los grandes autores Tennese Williams, Antón Chéjov, William Shakespeare, Mauricio Kartún, Carlos Gorostiza, Tito Cossa, algunas cosas propias de Javier Daulte, pero sobre todo a mí me inspira la calle, la vida”

 

(*) IEC: Instituto de Educación Cooperativa (**) Asociación Argentina de Actores
(***) Actualmente en cartel en el Teatro Metropolitan, dirigida por Carlos Kaspar.

 

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