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#14 Sebastián Ricci

Director, dramaturgo y docente de teatro - Nació 1 de Febrero de 1980 | VECINO DE SAN MIGUEL

Texto: Silvia Oleksikiw / Fotos: Fernando Carrera

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EL DEVENIR

Sebastián Ricci es el segundo de cuatro hermanos varones. Hijo de padres muy lectores y gustosos del cine, creció entre películas de Fellini y comedias musicales, entre libros de Borges, Umberto Eco, Paul Auster y Truman Capote.
Critico de las instituciones y academias de formación artística, cree que hay algo de ellas que se ofrecen como verdades absolutas, y lo resume en una imagen: un tipo delante de una computadora durante horas mirando videos de Tadeusz Kantor (**) creyendo que se está formando y haciendo lo que tiene que hacer para ser lo que quiere ser, y omitiendo todo el mundo real que está pasando alrededor suyo mientras él está sentado frente al monitor mirando “teatro”. “Para mí hay que institucionalizarse menos, ambas partes, alumnos y docentes, deberían entender que no están formando a nadie que el asunto pasa por otorgar determinadas herramientas que después ayuden y sirvan para traducirse uno artísticamente. Por lo general las academias construyen teatro con los elementos del teatro y eso para mí es una gran redundancia. En cambio, cuando el teatro construye con elementos lejanos al teatro es cuando se potencia y enriquece, porque hay 80 mil mundos afuera, que son hiperteatrales, y lo que hacen las instituciones es desviar la atención, no reconocer lo que teatralmente vive en la verdulería de la esquina, por ejemplo”.
Podríamos echarle la culpa a papá Ricci de los comienzos teatrales de Sebastián. “Mi viejo era viverista y paisajista, tenía un vivero muy grande y se pasaba trabajando de la mañana a la noche. Mi vieja nos llevaba ahí para que veamos a mi viejo aunque sea laburando. Era un mundo gigante  de aventuras para mis hermanos y para mí, juegos de jardín, hamacas, cajones de plantas, árboles, pedazos de piscinas desarmadas Pero mi vieja se hinchó los huevos así que, en lugar de al vivero, nos empezó a llevar al teatro, desde muy chiquitos” En una de esas salidas teatrales fueron a ver la obra Saltimbanquis, en el Teatro Olimpia (*) dirigida por Roberto Palandri, quien también era el adaptador de esta obra basada en un cuento de los hermanos Grimm y con música original de Luis Bacalov. Tanto les gustó la obra, que presentaba a cuatro animales que se rebelaban de sus patrones en busca de la libertad y tanto la vieron que no dudaron en presentarse a la audición que buscaba niños para el coro de animales. Quedan elegidos Sebastián, de 5 años, y su hermano Ernesto de 9, y así, en el año 1985, Sebastián empieza su vida junto al teatro.  “Me acuerdo que durante la temporada, mi vieja nos buscaba por la escuela y almorzábamos en el auto camino a la sala”. Y siguieron. Después de 13 años junto a Roberto Palandri, estudiando y actuando, Sebastián ingresa a la EMAD (Escuela Metropolitana de Arte Dramático) pero la abandona tres años más tarde, en el 2001. “Dejé la escuela cuando en los pasillos se hablaba más de exámenes y parciales que de obras de teatro”

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Más dispuesto a la acción que a las teorías, en ese mismo año se suma al Centro Cultural Raíces (Sarmiento y España), en su barrio, San Miguel, del que era asiduo visitante y colaborador espontáneo, “Si te encargás,  buenísimo, sino lo cerramos”, le dijeron, y Sebastián recogió el guante.  Hoy dice estar muy orgulloso del trabajo que hizo ahí y reconoce que esa experiencia le generó la capacidad de gestión: su desafío personal fue transformar ese espacio en una sala de teatro, “Había poco teatro en esa época en San Miguel, yo quería armar una movida”, dice.  Empieza con sus Talleres de Teatro para Niños, Adolescentes y Adultos, forma el grupo teatral ‘La 5ª Pared’, organiza los Ciclos de Teatro Joven, de Teatro Adulto, de Música:  Pedro Aznar, Liliana Herrero, Luis Salinas, Juan Falú, Lito Epumer, Arbolito, fueron algunos de los que visitaron el lugar. Y, dentro de esta movida que Sebastián venía generando en el C.C. Raíces, funda y dirige el ciclo Teatro x la Identidad San Miguel en conjunto con la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. “Fue el primero en la zona y generó un simbronazo importante. Era (y es) un ciclo con un abordaje social muy claro desde la temática, con funciones gratuitas tres veces por día durante un mes. Terminábamos agotadísimos pero felices. Lo hicimos durante tres años”.  Si bien Sebastián ya venía dirigiendo algunas cosas en carácter de Muestras de sus talleres, fue dentro de este ciclo que dirigió su primera obra en forma oficial, A propósito de la duda, de Patricia Zangaro, obra emblemática de TxI.

“La obra es un semimontado, pero descubrimos un dispositivo de acción y trabajé desde ahí. Hice una suerte de versión libre de la obra. Me gustó mucho lo que hicimos. No sé si tanto por el resultado como por el trabajo”.
Cuando decide alejarse de Raíces, siete años más tarde, convoca a Lisandro Quiroz, Amadeo Pellegrino, Mariano y Gastón Guerra para abrir un lugar que en principio, fuera para ensayar, dar clases, y crear sus propias obras. Se inaugura así, en el 2008, el Teatro La Herrería, en la esquina de Sarmiento y Argüero también en San Miguel, y empieza una nueva etapa (aunque debería decir continúa, ¿acaso no es el devenir de un trabajo constante, subterráneo, tranquilo y concreto?, ¿no es un lugar hacia donde avanzamos instintivamente quizás sin poder nombrar el destino, sin el lograr el objetivo como meta, aunque también, pero sin la etiqueta?).
De la mano de La Herrería viene el grupo Teatro Puchero, del que Sebastián es director. Y, como el puchero, se hace con lo que hay: se cocina y se trabaja con los ingredientes reales, con lo que proponen los actores y el entorno. Y cuando el puchero empieza a hervir los elementos se mezclan, expresan sus sabores, empiezan a decantar, pierden su forma preestablecida, entran en combinación con los otros y generan un nuevo sabor.
El peor enemigo del arte es el buen gusto” dice, y aclara, “el arte entendido como estético y la estética entendida como la belleza y no como conducta”.
Así trabajan y así Sebastián parece seguir afirmando lo que él disfruta hacer, su palpitar: hacer teatro con elementos aparentemente lejanos a él, nutriéndose de material real, de materia no teatral, hasta que el trabajo, la masticación, el vómito, la revuelta, la indagación, la indignación, la otra trama, la oculta, la no adornada, la vuelve escena.
La originalidad viene de trabajar desde el propio origen, del origen en movimiento. Porque, generalmente, en la combinación de elementos hay fricciones que resultan poéticas. Aunque la poesía no ocurre siempre, la poesía es el premio de la honestidad con la que se friccionan las cosas”.
Y siguiendo el devenir, ya conviven en Sebastián actor, director y dramaturgo, y ya instalado en La Herrería en el 2009 escribe y dirige la obra ‘F de Firulain’, ganadora de dos Premios A.T.I.N.A. a la Mejor Dramaturgia y Mejor Producción, y con la que participaron en numerosos festivales nacionales e internacionales.
Con su obra Anzuelo, escrita en el año 2008 y con la que lleva varios años de funciones, recibe a fines del 2015 el Premio del 1er Concurso Regional de Dramaturgia organizado por esta revista, elegida de forma unánime, entre otras 15 obras, por los jurados Mónica Berman, Marcelo Bertuccio y Adrián Canale. En la ceremonia de premiación, Ricci dijo que “el premio es la anécdota, lo importante es el concurso”  porque abre, visualiza y estimula la escritura teatral en la región.
Lleva dirigidas 15 obras, hizo varias adaptaciones, tiene escritas más de 10 obras y otras tantas esperan en gatera a que Ricci pueda continuarlas mientras escribe obras por encargo para la Escuela San Gabriel Arcángel (pedagogía Waldorf), el Instituto Román Rosell para personas no videntes, y  para la Escuela de Comedia Musical ‘Bambalinas’, en donde da talleres de teatro.  “A pesar que me quita tiempo para escribir mis obras, siento que me da oficio, y que eso me va a ayudar mucho cuando me siente a escribir lo mío. Y porque aunque sea por encargo uno le imprime cosas propias”.
Si es que existe un método, un punto de partida, una forma de llevar adelante el trabajo de escritura o de ensayos, podríamos decir que el de Ricci es el de no buscar algo concreto sino intentar generar dispositivos que habiliten al azar.  “Ese momento en que se  produce  la ficción en medio del azar, para mí es la epifanía, ese momento en que, en medio de la búsqueda, algo chispea”. Confía en las fases del proceso creativo: Preparación, incubación, iluminación y comprobación. “Para mí la obra empieza con una imagen y por momentos particulares de cada uno. Hay períodos de contemplación a los que le sigue uno de impresión. Para mí no hay “obras” sino una única obra general que se  constituye  de  obras  teatrales que van  surgiendo.  Me gusta verlo así  y me  es inevitable verlo así. Claramente son las impresiones que tengo al hacer una retrospectiva”.

Gran lector de dramaturgia -parece ser que en el secundario se rateaba para irse a un bar a leer teatro- reconoce no ser asiduo espectador porque dice que, como con el  fútbol, le gusta más jugarlo que verlo. “Chejov, Ibsen, Strindberg eran los grandes autores clásicos que leía y  disfrutaba, hoy podría decir que si hay un  autor al  que vuelvo es a  Shakespeare. La estructura es maravillosa,  fluye. Con la literatura me reconcilié hace poco. Es que son grandes  descripciones hasta entrar en la acción y eso me costaba mucho. Paul Auster, Henry Miller, Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Osvaldo Soriano, Roberto Arlt, tengo algo empático con ellos porque su poesía es casi un accidente, no hay voluntad por ser poético, la poesía se construye a partir de las imágenes y no de las palabras”.
Acodado en el marco de la ventana desde donde puede fumar y seguir charlando, su voz se seguirá escuchando potente. “Fumo desde los 13 años, robaba puchos. Siempre tuve algo con los cigarrillos, y las películas de Godard deben haber ayudado”.
Para Sebastián la respuesta llega sin duda y sin demora: lo que no puede faltar en una obra de teatro es la acción. E insiste, repitiendo, que siempre debe estar acompañado de la honestidad en el trabajo, de no hacer lo que se cree que hay que hacer para convocar, para ser interpretado, para que guste.
A los ojos de Ricci, San Miguel está en expansión culturalmente hablando, pero duda de saber si es una consecuencia de nuevos teatreros habitando el barrio o del crecimiento poblacional de los últimos tiempos en la región. “En el teatro veo que hay nuevos impulsos de pruebas, pero todavía sigue habiendo culturalmente una exacerbación de lo popular, pero de lo popular mal entendido, reduciendo o subestimando la inteligencia de la gente. Creo que son pocos los espacios que logran visibilizar el buen uso de los recursos que a veces puede dar el estado, espacios que demuestren, a través del trabajo en sí mismo, que es posible profesionalizarse en el teatro independiente”.
Sebastián Ricci, hacedor de teatro independiente que lleva consigo casi indisolublemente un productor, un emprendedor, un gestor cultural, hace un larguísimo silencio después de la pregunta ¿qué quiere, qué proyecta, qué sueña Sebastián? “Sueño con sorprenderme”.

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