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#15 Claudia Cicchetti

Actríz, docente teatral y Psicóloga - Nació el 21 de Mayo de 1965 | VECINA DE JOSÉ LEÓN SUÁREZ

Texto: Silvia Oleksikiw / Fotos: Fernando Carrera

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“El Teatro no lo dejo por nadie”

Una mañana muy fría de mediados de Abril entrevistamos con Claudia Cicchetti, actriz, docente y directora teatral, y también maestra de grado y Psicóloga. Es hija de Rodolfo Cicchetti, también actor y docente, y vecina del barrio de José León Suárez.
Mi  familia  es de Villa Ballester, hice la secundaria y el profesorado en San Martin, mi jornada laboral transcurre entre Ballester y San Martin. Exceptuando la época de facultad que pasaba mucho tiempo en Capital, mi vida transcurrió siempre en el partido de San Martin, en cada rincón tengo un recuerdo
Nacida el 21 de Mayo, se define como una mujer de convicciones. “Mis convicciones tienen que ver con ser fiel a mis ideas, con hacer lo que creo y siento que tengo que hacer. Defiendo eso. Y como buena taurina, soy obstinada y persistente. Y soy muy curiosa, siempre quiero saber más, leer más, investigar más”. Ser Maestra lo decidió a los cinco años, y ya de grande, cuando empezó a estudiar magisterio, le llovieron las críticas “Era como un pájaro que me daba en la cabeza: te vas a morir de hambre. Pero yo sentía que era eso lo que quería hacer. Tardo en decidirme pero cuando decido, me comprometo conmigo misma hasta el final

Ya de pequeña, Claudia circulaba por el mundo teatral independiente de la zona de la mano de su papá Rodolfo (ver Serpiente Amarilla #4) “Cuando mi papá iba a ensayar o de visita a la casa de (su primer maestro y director de teatro) Francisco Tricio yo siempre quería ir con él, disfrutaba tanto escuchándolos hablar de teatro”. Sería largo contar los anécdotas que Claudia guarda de esa época pero podemos resumirlos en las sensaciones que sentía y que aún recuerda. “Mi viejo me llevaba porque yo me quedaba quietita sentada, mirando, escuchando, y no porque fuera una nena tranquila, sino porque me encantaba escucharlos. Yo no entendía nada pero la pasaba bárbaro, siempre quería ir” . Con los años, y la persistencia de los Cicchetti en el teatro, este mundo se convertiría en un cotidiano para Claudia “Le pedía a mi papá que me llevara con él a los ensayos. Yo era sumamente tímida así que me quedaba a un costado, mirando. Yo ya tendría 11 o 12 años y lo que sí hacía era la parte del entrenamiento físico. Un día Tricio me engañó sumándome a una supuesta ronda de lectura como entrenamiento vocal.Cada uno tenía que leer una poesía y después bajar del escenario. Iban pasando todos y yo nada.A mí me dejó para el final con todas las miradas puestas sobre mí. Bajé del escenario llorando de los nervios y la vergüenza. Me habían pasado tantas cosas. A partir de eso empecé a actuar”.  Lo que vino después fue seguir estudiando, aprendiendo, y actuando en las obras que dirigía Tricio.

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Pero antes de seguir, agregamos una anécdota para decir que, en realidad, su debut como actríz fue a los cinco años en una película donde Tricio hacia la dirección de actores “La nena, que era yo, estaba jugando en la puerta de mi casa y cuando me preguntaban yo tenía que contestar “no, mi papá no está”.

Volviendo a la mujer de convicciones, Claudia sabía que la persona que fuera su compañero iba a tener que convivir con el teatro, así que una de las primeras cosas que le decía al candidato -cuando parecía que la cosa pintaba para noviazgo- es “El teatro no lo dejo por nada ni por nadie”. Plantada así, y haciendo teatro, conoció a quien se convertiría en su compañero de vida, Jorge Dominguez, padre de sus dos hijos, sociólogo y también actor. Ampliada la familia, Martín, el hijo mayor, es quien sigue con la tradición familiar del teatro y la poesía, y Alejo, en cambio, como un opuesto necesario, no quiere saber nada al respecto.
El ser docente de teatro llegó como consecuencia de la actríz y de la maestra de grado recién recibida. “Mis compañeros de teatro a veces llevaban a sus hijos chicos a la clase o a los ensayos. Yo tenía muy buena relación con los niños, yo los sumaba al entrenamiento. Tricio fue observando mi manejo del grupo y empezó a insistir en que diera clases. Hasta que un día me llaman de la Biblioteca Rivadavia de Villa Ballester para ver si quería dar Teatro para chicos, y acepté. Yo tenía 19 años. Así empezó. Y trabajé 18 años en la biblioteca”. Y se fueron abriendo más grupos para Chicos y luego para Adultos, en el Círculo de San Andrés, en la Biblioteca Diego Pombo de San Andrés, en el Colegio Rubén Dario y en el Jardín de infantes Seguir Creciendo, de Villa Ballester. Hoy, y desde el año 2004, da sus clases para adolescentes y adultos únicamente en el Centro Cultural Ana Pavlova, en Lavalle 2567, de Villa Ballester, dirigido actualmente por la bailarina Liliana Tasso (ver Serpiente Amarilla #7). “La Psicología me permite acomodar horarios pero no doy más clases de Teatro por falta de tiempo
Volviendo un poco atrás, en 1988, a los 23 años, ya casada, trabajando como Maestra de Grado y Docente de Teatro, y estudiando para psicóloga, Tricio los convoca a ella y a su marido para ser la pareja protagónica de De Angeles y Demonios, una adaptación de Ruben Fasciolo de la novela de Ernesto Sábato Sobre Héroes y Tumbas. “En principio no era obra, surgió como un trabajo, un ejercicio, paralelo a la Muestra de Pintura de Adrian Giachetti, artista plástico de San Martin, sobre el texto de Sábato. Y fue tan bueno lo que apareció que Tricio agrandó la propuesta hasta hacerla una obra. Fue una experiencia hermosa. Las funciones eran en la Biblioteca Rivadavia. Nos fue muy bien. Ganamos la Fiesta Regional, nos nominaron como Mejor Actríz Juvenil, Mejor Actor de Reparto, Mejor Dirección, y creo que Mejor Obra, pero así y todo no ganamos, por cuestiones políticas”.  
Pero el año 1991 sería aún más importante para Claudia. Se recibe de Psicóloga en Julio, y en Agosto nace su primer hijo. La amenaza del cólera en 1992 -y sobre todo en las escuelas públicas-, el riesgo de poner en peligro a su bebé, la licencia que no le otorgan y el consejo de una vieja maestra la deciden: Claudia deja el magisterio y se mete de lleno a ejercer como Psicóloga. “Fue fuerte, porque amo la docencia, pero priorice ver crecer a mis hijos”.
Paralelamente, seguía con sus clases de teatro, que abrieron paso a la directora. “Hay algo de la dirección que empieza a aparecer cuando preparas las muestras de los talleres, aplicas conceptos, ideas, trabajo de dirección sobre el alumno/actor”.
Ya en el C. C. Pavlova, y a instancias del grupo de Adultos que quería seguir trabajando una vez terminado el taller, funda el Grupo Púlsar, con quienes Claudia decide retomar el espectáculo “Vengo sencillamente”, que originalmente habían empezado a ensayar con Tricio. “Era un espectáculo armado con poemas que quedó inconcluso cuando los militares echaron a Tricio del CEMEF de José L. Suarez. A mí me había quedado siempre en la cabeza seguirlo, así que me pareció algo bueno retomarlo con el grupo”.
Después, el grupo se fusiona con otro y pasa a llamarse Pulsart, y vienen las obras Juego de identidad que dirige Rodolfo Cicchetti, Las del enfrente, de Federico Mertens, Chiquito y verde, de Carlos de Urquiza y Manuel González Gil, entre otros autores.  Actualmente presentan Historias para ser contadas, de Agustín Cuzzani, y trabajan para su próxima obra, investigando sobre el personaje de Antígona, aquella muchacha universal que desobedece el orden establecido para dar sepultura a su hermano muerto en pelea.
    Me pregunto qué define a un Grupo, qué lo convierte en un Grupo ¿son varias personas haciendo algo juntas? ¿Es la unión de voluntades llevando adelante un proyecto colectivo? Claudia Cicchetti al respecto opina que “Para mí un grupo tiene que aportar algo a sus integrantes. Si no me aporta algo me voy. Por eso quienes integran de Pulsart son, antes que nada, buenas personas. Busco buenos actores pero que sean también buenas personas, priorizo eso. A veces decaen las energías y hay rever por qué estamos juntos haciendo lo que hacemos, lo que nos convoca a reunirnos. Tengo mucha paciencia, soy muy tolerante, no digo que sea una virtud, eh, pero parece que cuando me enojo, se me nota mucho en la cara. Creo que disfruto tanto de la docencia porque siento que crezco, aprendo. Y eso tiene que pasar con un grupo también
El Grupo Pulsart se reúne semanalmente. Dependiendo del trabajo que estén haciendo siguen entrenando, priorizan la producción, o el tiempo de ensayos y funciones. “Somos profesionales en nuestro trabajo teatral pero todos nosotros vivimos de otra cosa, económicamente hablando”. Ser profesional, como diríamos en alguna de nuestras editoriales, es profesar lo que se hace,  es hacer propia esa tarea, es asumir el compromiso de realizarla, hacerla parte de sus vidas.   
Así como el grupo, los talleres de Teatro también tienen exigencia profesional. Si bien están formados por personas con diferentes expectativas y razones en referencia al teatro, para Claudia es importante aclarar que el trabajo en el taller está encarado desde ese lugar. “Ahora tenemos muchas más posibilidades de hacer funciones en la zona, podés armar un circuito de salas. Esto hace 20 años atrás era impensado. Ahora hay posibilidades de formación y de vivir del teatro que antes no teníamos. Y esa es nuestra responsabilidad y nuestro trabajo, hacer que los jóvenes puedan proyectarse cada más hacia el futuro que quieren”. Así como las ofertas para hacer funciones creció, y es positivo para el Teatro de todas las regiones, también creció la oferta de formación académica. Claudia en este punto se vuelve más crítica. “Desconfío un poco de la formación académica para los oficios creativos, porque creo que, a veces  deja afuera lo social,  cosas que no podés trabajar desde lo teórico. No me parece que uno sea más actor o mejor músico porque un título lo diga, es más me asusta un poco
El repertorio de un grupo hace a la identidad del mismo.
El público también tiene una identidad propia, es una comunidad esporádica de individualidades que se unen durante un rato a compartir esa experiencia con el otro, ya sea el otro espectador o actor. Y elige lo que ver, comedia o drama, clásico o moderno, por lo que sea, pero elige qué obras ver.
Las obras que elige trabajar un grupo, llegan a él por diferentes razones. En el caso de Pulsart, lo que los lleva a trabajar en una nueva obra es la inquietud, el deseo, la investigación. “Ahora que estamos trabajando con Antígona, investigamos la línea de Antígona en la historia, las diferentes formas del poder, donde se asienta ese poder en cada uno, el brillo del deseo de Antígona, lo inhumana que se torna por su no temor a la muerte. Elegimos no ponernos plazo con una fecha de estreno para no apurar el proceso, pero cuando veamos que está avanzado o que necesitamos salir al público, ahí pondremos fecha”.
¿Y cómo conviven en la realidad cotidiana de Claudia el teatro con la psicóloga, la madre y la esposa? “Conviven bien porque hay cosas que fueron claras desde el inicio: El teatro no lo dejo. Pero  también tengo clara la prioridad de mi familia. Los fines de semana, ordeno y mantengo la limpieza básica de la casa. Como no tengo tiempo para cocinar en la semana, cocino algunos Sábados o Domingos, pero preferimos dedicarnos a nosotros y salir a pasear, a desayunar, o ir al cine
Vecina eterna de su querido José León Suárez, para Claudia el barrio es la decisión de hacer lo que quiere, tener la libertad sin exigencias de elegir lo que hacer en el Teatro. “Yo el teatro lo hago con mucha pasión. No tengo ganas de convivir con cierta parte del teatro, la competencia inútil, los egos, las exigencias de los actores “famosos”. Para mí lo que no debe faltar en una obra de teatro, es el compromiso y la entrega del actor”.
El barrio, las casas, las calles que nos ven pasar sabiendo apenas algo o mucho de nosotros, las huellas invisibles que dejamos en las cuadras que nos acercan o nos alejan de lo que queremos, las ventanas de verano, de invierno, de otoño, los vecinos que saludan, que miran, que escuchan, que aportan, que ignoran. Ese barrio, nuestro barrio, el que elegimos o el que tenemos, es en el que Claudia dice sentirse bien.
Lo que más me gusta es su sencillez, saludarme con mi vecino. Y los árboles, y sus colores, naranjas, ocres, rojos en otoño y el lila del jacarandá que está frente a mi casa”.
 

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