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#17 Gaby Gap

Música - Nació el 20 de septiembre de 1979 | VECINA DE SAN MARTÍN

Texto: Silvia Oleksikiw / Fotos: Fernando Carrera

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"Nunca me interesó el virtuosismo musical"

Gaby Gap es música. Toca Guitarra, Charango, Cuatro, percusión. Tuvo y tiene bandas y hace música para las Compañías de teatro Harina Leudante y Babilonia. Gaby tiene música, lleva música, trae música, hace música. Y cuando canta con su guitarra parece ser un montón de músicos juntos.
Ya hace años volvió a vivir a San Martín, barrio donde nació. De niña empezó a estudiar guitarra en el barrio. “No vengo de una familia de músicos, pero mis viejos estuvieron atentos a mi inquietud con la música. Mí mamá es artista plástica, con ella tuve mi primer contacto con el arte, y mi papá es un gran melómano, le encanta la percusión. Es de los que está todo el tiempo haciendo sonar la mesa con los dedos o con los cubiertos haciendo batucada”. A los 12 años estaba haciendo el Conservatorio de Música de San Martín, pero no lo terminó, porque un tiempo después ya hasta el nombre -conservatorio- le resultaba lejano. “Lo único que tenia claro es que quería estudiar música y ser profesora en escuelas pero me hacía ruido que la historia de la música que se estudiaba era sólo la culta europea y que no incluía por ejemplo, a la latinoamericana o la africana, raíz de la música popular”.

Se pasa al Conservatorio de Morón que, entendía, era más amplio en ese concepto pero tampoco era lo que buscaba; y después a la Escuela de Arte Leopoldo Marechal con orientación musical, de Ramos Mejía. Para esa altura, Gaby empezó a reconocer que era un problema suyo también, algo personal con las instituciones. “Porque tampoco le vamos a echar la culpa de todo a los demás, es un 50 y 50. Está buenísimo que sea público y gratuito, pero el sistema de educación formal no es para todos. Pero lo tengo que superar porque todavía no me recibí” No sé cuánto realmente le preocupa o interesa a Gaby Gap recibirse de música. Digo porque ella vive la música desde otro lugar, fuera del título que te declara oficialmente músico. Mientras estaba en el Conservatorio Gaby hizo un largo viaje por varios países de Latinoamérica. Tocando, mezclándose con la gente, vivió de la música durante ese viaje que, intuitivamente, la iba acercando hacia lo que quería hacer: una música alimentada de su raíz folklórica pero no reproduciendo ritmos, sino incorporándolos y haciéndolos convivir de forma natural con otras raíces: la ciudad, lo urbano, su entorno cotidiano. “Yo no soy santiagueña por lo que no busco ni me interesa copiar o reproducir exactamente el ritmo que tienen los santiagueños, porque simplemente yo no soy esa. Me gustó tocar con la gente de

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los diferentes lugares, escuchar su música, poder acercarme después y preguntar ‘¿cómo era ese rasgueo?’ y que te lo transmitan. Después uno lo toma y lo hace propio, o al menos a mí me gusta eso, devolverlo musicalmente pasado por mi sonido propio”
Empezó a dar clases a los 19 años en una escuela privada en Caseros, tenía desde jardín hasta segundo ciclo. Después, sumó jardines de infantes municipales en 3 de Febrero. “Es mágico trabajar en nivel inicial, conectar con el juego todos los días de tu vida, y ese olor a plastilina que hay en las clases. Hacer música con niños chicos es una de las cosas más bellas y divertidas que tiene la educación. Después entran a la primaria y chau, todos cantando canciones formales, se acabaron las sillas de colores...Yo reniego de la estructura formal de la educación pero sigo dando clases porque si algo podemos cambiar o transformar el espacio es desde ahí, aunque sean sólo dos horas en la semana
Las clases para el nivel secundario son también un desafío; como todo encuentro con el otro, uno aprende a escuchar y a pedir, a sincerar el encuentro. “La secundaria es un gran lugar de resistencia. Trabajar con adolescentes es complejo pero tenés que ser auténtico y no cometer lo que yo considero un error, que es querer ser igual que ellos, querer hablar como ellos. Todos merecemos el mismo respeto, alumnos, auxiliares, docentes, pero no soy un par, tengo un rol dentro de la escuela. Si ellos pueden ver que amás lo que hacés, que te apasiona eso, contagia y va abriendo

Fuera de la docencia oficial Gaby compone y canta sus propias canciones, toca solista o forma bandas. Una de ellas fue Aguaribay, junto a Nacha Medina en voz, Tomás Vela en bajo, Facundo Scanzi en percusión, con la que estuvieron cinco años y grabaron el disco “Igual y diferente”.
En esto de componer, para Gaby las canciones dejan de ser propias. “De alguna manera uno se las regala a los músicos con los que está tocando, y ellos le ponen lo suyo, lo que les nace con esa melodía. Igual hay ciertas reglas musicales que se respetan: tiene que sonar bien, tener cierta armonía, tiene que seguir funcionando, porque armás un ensamble y cada instrumento tiene su función. La escucha es muy importante, tenés que estar a disposición de la canción, dejar los egos de lado, transmitir. Nunca me interesó el virtuosismo musical”.
Gaby también da Talleres de Ensamble Musical en la Biblioteca Alberdi, de San Andrés. La idea surgió hace varios años en el teatro Arte y Vida, de Martín Coronado, por pedido de un amigo. “Me propuse en ese taller hacer conectar a las personas con la música y con otras personas, independientemente del nivel y la experiencia musical que tengan. Ese bajista que no tiene banda, con el guitarrista que toca sólo dos notas y la señora que únicamente canta en las reuniones familiares. La tarea es brindarles la herramienta para que la música y el grupo funcionen. Me alegra saber que un poco los ayudo a que la música esté presente en su vida”.

Su inicio en la música para Teatro llegó haciendo un cruce de aquel primer taller de ensamble con uno de improvisación teatral. “Fueron un par de encuentros donde jugábamos a musicalizar las improvisaciones de forma temática: suspenso, terror, amor o a generar un estímulo musical para los actores. Era un ida y vuelta”. Luego, la cuentacuentos Lucila Becker la convoca para hacer juntas en escuelas el espectáculo Cuentos del Viento, donde Luciana contaba historias y Gaby musicalizaba en vivo e intervenía también con mini canciones. Años después Gaby conoció a Roxana Bernaule y a Cintia Axt (Ver Serpiente amarilla Nro. 11 y Nro. 3) quienes estaban en los inicios de su compañía Harina Leudante y que le pidieron “hacé una musiquita para nosotras”. A ese encuentro le siguieron viajes y funciones durante varios años con la obra Techo de Cielo. Más tarde se sumaría a la Compañía Babilonia. “Un día antes de hacer una función. Tengo el Sí y el Vamos fácil”. El recambio de músicos hizo que durante un tiempo quedara sola tocando varios instrumentos y asumiendo finalmente, por pedido de Roxana, la dirección y composición musical. Así Gaby refundó la banda integrada sumando más músicos: Tomás Vela en teclado midi, Natalia Calza en violoncello, Carolina Beriluna en batería, y Walter Pennesi y Facundo Nogueira Pinto que hacen sonorizaciones con todo tipo de elementos e instrumentos no convencionales.
Nunca había trabajado con actores de forma tan intensa. Me gustó mucho y me atrapó trabajar con el cuerpo del actor como un instrumento más, poder leer o adelantarme musicalmente a los movimientos del actor, sostener la escena con la música. Es muy difícil pero muy enriquecedor trabajar con una compañía de teatro. Eso sí, hay que tener muchas ganas de hacerlo porque el compromiso es muy grande, ponés mucho tiempo en eso. Y trabajar con una compañía integrada e inclusiva para mí es como ponerme frente a un espejo, con las dificultades, con los propios conflictos, con lo que sabés y no sabés hacer, con las inseguridades. Porque el rol de dirección musical no es sólo encargarse de la música, es también estar atento a lo que les pasa a los integrantes de la banda. Hay que defender la idea, si uno realmente cree que es buena, pero sabiendo que el otro la puede y la va a enriquecer, no imponer, sino abrir la idea a los otros
Gaby también tiene otra banda -aún sin nombre- junto a Natalia Calza y Verónica Isabel Pereyra (percusión y artes electrónicas) con quienes está incluyendo un set electrónico. “Lo que resultó más complejo de lo que creíamos, porque lo electrónico exige otros equipos para sonar bien y algunos lugares no están equipados para eso, y tanto tiempo de ensayo para que después no se escuche bien, no está bueno. Así que estamos en una pausa, entendiendo qué necesitamos y equipándonos más para sonar como queremos en cualquier lado”. Y también está en un dúo con su profesora de canto, Sol Ganc, con un repertorio amplio de canciones para poder tocar en más lugares.
Mi sueño es viajar con la música. Me gustaría transmitir, intercambiar y poder llevar lo que estamos haciendo a otros lados. También me gustaría grabar un disco. Y tener un espacio físico propio de investigación artística, donde dar talleres, un espacio de formación diferente a las instituciones. Y donde vivir también
Gaby vive en el centro, en una casa que comparte con varios amigos con las paredes pintadas con murales, una terraza abiertísima al cielo de San Martín, Sasha, el gato que duerme sobre el sillón, dueño absoluto de la calma, y Calo, un perro con gran talento para reclamar mimos y que terminará siendo (casi) el protagonista de las fotos.
San Martin tiene mucha movida, ya no hace falta ir a Capital. Las escuelas de arte en el partido, ayudaron a esto. Tenemos escuela de Artes Visuales, Danza, te guste o no el Conservatorio de Música. En la Unsam hay formación en Circo y en Títeres. La gente se mudó al barrio para estudiar y todo esto ayuda a este crecimiento de bandas y grupos de teatro. Y eso trajo ebullición artística, y fortaleza de la comunidad toda de saber que el arte es portador de esa voz de la cultura popular, y que el arte es transformador”.

 

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