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#2 CARLOS KASPAR

Actor y Director de Teatro - Nació el 19 de enero de 1965 | VECINO DE VILLA ADELINA Y VILLA CRESPO

Texto: Silvia Oleksikiw / Fotos: Fernando Carrera

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SIN FRONTERAS

A la cita del sábado a las 14,30 hs., en un café de Villa Ballester, llegó puntual. Habla. Se entusiasma con un tema y cuenta, y gesticula, y hace las voces de los personajes. Y, como todo lo que hizo a lo largo de su vida modelaron a éste que es hoy, las anécdotas, su historia familiar, sus recuerdos y sus reflexiones harán un entretejido en el cual podremos ir conociendo, un poco, a Carlos Kaspar. Grandote, simpático, expresivo, agradecido. Hijo único, nieto de alemanes. Su abuelo paterno fue director del Colegio Alemán de Coronel Suárez, ciudad en donde más tarde nacerá su padre, un amante de la lectura que dejó la secundaria para salir a trabajar, y al que, muchos años después, Martínez de Hoz dejaría desbastado económicamente en su fábrica matricera. Su abuelo materno, en cambio, “cayó en la guerra”. Historia de inmigrantes empujados hacia la promisoria Argentina. Finalmente él, Carlos, nacerá en Munro, y vivirá casi toda su vida en Villa Adelina. Creció con una infancia feliz rodeado de historietas, cine de aventuras y ciencia ficción. Y con el potrero en la esquina, al que cuidaban mejor que a la cancha de Boca, equipo que lleva “en el alma y en el corazón”.
Sus compañeros y amigos, el teatro, la facultad, sus trabajos, su familia y su actual casa lo irán convirtiendo en un eterno viajero entre Carapachay, Munro, Villa Adelina, Villa Ballester y Capital Federal. Irá viajando, también, de recuerdo en anécdota para contarnos que a los 14 años, y en el Instituto Ballester donde cursaba la secundaria, se sumó al grupo de teatro SINENOMINE. Con ellos estrenó su primera obra como actor, La Fierecilla Domada, de William Shakespeare.
El teatro es una sensación física, o al menos algo que él puede percibir en su cuerpo. Recuerda cuando desapareció cierto dolor intenso en su tobillo apenas entró a la clase de teatro, y cuando después de una función, desprevenido, se encontró con el silencio del Aula Magna, que minutos antes había estado llena de murmullos, aplausos y público. “La sensación de la otra dimensión que maneja el teatro. Armar una ficción y que todos nos metamos en ella. Tener una obra es como partir con una nave. La nave zarpa y ahora el que navega es el Sr. Sulu, no el Capitán”, dice rememorando al Interprise y a las series de televisión que alimentaron su infancia.

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CARLOS KASPAR

Y con el teatro empezó la lectura, y el conocer a los grandes autores del teatro universal: Brecht, Anouilh, Gógol, Molière, Shakespeare. A los 16 ya había dirigido su primera obra con su grupo de teatro de Florida y a los 18 formará, dentro del Instituto Ballester, el primer elenco teatral integrado y dirigido únicamente por alumnos.
Paralelo a sus estudios de Psicología en la UBA estudiaba teatro en la Capital Federal. Recuerda las clases con Guillermo Battaglia y reconoce a Alberto Rodríguez Muñoz y a Jaime Kogan como a sus maestros, tanto en actuación como en dirección. “Un Grande”, dirá inmediatamente de este último, “no sólo por su arte si no por su generosidad. Si no sos generoso, no sos Grande”. Su estadia en el Teatro Payró junto a Kogan se prolongó por diez años como colaborador, traductor y actor.
Si hubiera sido más audaz hubiera hecho una carrera como director que no hice. Pero me abataté, siempre me bajé el precio”. Pudoroso en su rol de director “por perfeccionista”, reconoce haber aprendido hace poco que ninguna obra está acabada, que el arte es algo vivo, en constante movimiento y búsqueda, y que descubrir esto le permitió relajarse y tomar la dirección desde un lugar con menos exigencia. Dice que el problema de la dirección de actores es un problema de lenguaje en tanto comunicación “como director tengo que ser claro en lo que digo y estar abierto a escuchar lo que el otro propone. Tengo que tener claro qué quiero y poder transmitirlo claramente para que el otro pueda recibirlo, procesarlo y devolverme algo nuevo, y el director tiene que tener la confianza de tomar lo que convenga de eso. Que el actor sienta que el director lo está guiando, y que tiene margen de juego. La confianza se gana así
Moviéndose entre la actuación y la dirección, arriba del escenario no se le mezclan los roles: o actúa o dirige. “Soy medio vago, bah, no me gusta el ritual de la preparación del actor, me aburre, pero me entrego, soy obediente tratando de entender el lenguaje y lo que quiere el director”.
Defensor acérrimo de la palabra, “hasta la muerte” dirá, le gustan la ironía, la discusión, la pelea y el humor, muchas veces descarnado y ácido. Con su corazón en Brecht, Molière y Shakespeare, pone a Armando Discépolo como autor nacional por encima de todo, y al grotesco como género teatral. Y de los contemporáneos, cita a Rafael Spregelburd, a Tito Cossa y a Javier Daulte, a quien considera “el tipo más brillante de su generación” como autor y director tanto en teatro como en televisión. La relectura de los clásicos, la historia, sus personajes, y la política son algo por lo que también se siente atraído. Y cuenta de ello lo dan sus obras, o adaptaciones, donde se mete de lleno en la historia argentina. En Pampa Guacha, Dios y Luzbelito se juegan en una apuesta el destino de la pampa del título. En 1806, Una de piratas -escrita junto a Carlos Baudino- arremete con las invasiones inglesas en Buenos Aires. Y en Cristo vence (mil veces una muerte argentina), versiona Tartufo de Molière y sitúa a los personajes de la obra en el año 1955, tres días antes del bombardeo a la Plaza de Mayo.
Ve al partido de San Martín como cuna de teatro y de grupos independientes. Percibe mucha actividad teatral pero se siente en deuda con sus colegas por la falta de tiempo para ver sus obras. Considera que la creación del Cono Teatral y el Consejo Provincial del Teatro Independiente (*) permitió que se conozcan entre si los teatreros de la zona. “La fama es puro cuento”, dice, emulando a la letra del tango, él que ha compartido escenario y set con grandes actores y directores. “A los actores cuando les pega la fama, se marean, cambian la mirada”, y cuenta la anécdota del general romano que desfilaba victorioso entre el pueblo, con un esclavo detrás que le iba repitiendo “sólo eres un simple mortal”. Eso. No somos más que simples mortales ejerciendo diferentes tareas y roles. Algunas con más glamour que otras, con más revista y pantalla y marquesinas brillantes, piensa quien intenta poner en palabra escrita la palabra hablada.

LA YUNTA, un nombre más que significativo si hablamos de la fuerza que proviene de la unión de tirar todos juntos hacia un mismo lado. ¿QUÉ ES? Es un grupo de teatro comunitario perteneciente al Instituto Ballester formado por alumnos, ex alumnos, padres, parientes, docentes o empleados. Tiene como único requisito ser parte de esta comunidad escolar y estar abierto al trabajo comunitario. La Yunta dio origen también a la orquesta del Instituto Ballester.
Hoy,ambos grupos, suman casi 80 personas.
¿CÓMO TRABAJAN?
El grupo pone en escena una obra por año. Una vez elegida, se trabajan los personajes en el taller con un coordinador, y paralelamente, la puesta en escena y la dirección de la obra con el director. Los roles son rotativos: ser protagonista o tener un rol secundario no dependerá del talento actoral si no de la necesidad de la obra. ¿QUE ELIGEN REPRESENTAR Y POR QUÉ? Por lo general, la obra a montarse es propuesta por el director y su elección depende de la temática que se está trabajando en la clase de literatura dentro del Instituto, y de que tenga, además, un valor social. ¿CÓMO PRODUCEN? Grupo autogestivo, organizado y autoadministrado donde todos trabajan Ad honorem. Algunos integrantes asumen roles artísticos y también administrativos. Vestuario, escenografía y utilería se realizan a partir de un diseño específico, solventado a partir de la venta de entradas, y en muchos casos se reusa materiales de obras pasadas.
HISTORIAL DE OBRAS
Con 10 años de historia La Yunta ya montó La Pequeña Mahagonny y Madre Coraje y sus Hijos, ambas de B. Brecht; Fausto, de J.W.V Goethe; 1789, de A. Mnouchkine; Los Indios estaban cabreros, de A. Cuzzani; El Inspector, de N. Gógol; El Burgués Gentilhombre, de Molière; Shakespeare Soñando una Noche de Verano, basada en la obra de W. Shakespeare; La Conmemoración, de S. Bastieri; y Energía, adaptación de Gas, de G. Kaiser.

¿POR QUÉ LA YUNTA?
según CARLOS KASPAR
-Porque cumple un rol y una función social: es polo difusor de la cultura, para hacer aquellas obras que los productores privados no quieren hacer, porque tienen que ver con el acerbo popular y no con reportar ganancias económicas. Obras que están para educar al soberano.
-Discutir, debatir las cosas en equipo. Alumnos, padres, profesores, sin rótulo ni jerarquías, se unen para compartir el trabajo. El arte en el teatro comunitario es una excusa. Es el vehículo para que los miembros de una comunidad se conozcan, interactúen y empiecen a construir un vínculo.
-Para que la gente tenga la posibilidad de descubrir que tiene capacidad artística, mas allá de los “títulos” de actor.

 

NOTA: (*) Cono Teatral: Agrupación de trabajadores del teatro del Conurbano Noroeste. // Consejo: Organismo estatal creado para fomentar la actividad teatral de la Provincia de Buenos Aires.

 

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